Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

La Basílica

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Reflexión
La Basílica
P. Juan Ángel López Padilla
He debido dejar en el tintero mi artículo de esta semana porque desde que el martes, Fiesta de la Natividad de la Virgen, nos comunicaron el regalazo de la nominación del Santuario Nacional de Suyapa como Basílica Menor Papal, me sentí obligado a cambiar mis planes. O tal vez no. Aunque, seguramente, esta misma edición de nuestro Semanario se ocupará de aclarar las diferencias entre Santuario y Basílica, quisiera subrayar el porqué de la importancia de esta decisión papal.
Desde el momento en que, una devoción en un país, llega a ser de tal dimensión que genera la posibilidad que el espacio donde se concentra dicha devoción sea declarado por la autoridad pontificia como una Basílica menor, directamente dependiente de la figura del Papa, lo cual queda reflejado en los signos del canopeo y el tintinábulo; indica que dicho espacio trasciende las fronteras que han puesto los hombres, no Dios.
No puedo menos que sentirme increíblemente orgulloso y alegre porque la casa de nuestra pequeñita imagen, se ha agigantado al nivel de las Basílicas de Guadalupe, Lourdes, Aparecida, Fátima, Luján, Pilar, Loreto.
Es cierto que para la mayoría de nuestra gente, esta decisión de Papa Francisco, está un poco fuera de lugar; porque para el corazón de miles, sino millones de hondureños y otros que nos honran con amar a la Morenita, Suyapa, ya era una Basílica. No porque de hecho lo fuese, sino porque se sentía a la altura de serlo.
Una vez más queda confirmado que no es el tamaño lo que cuenta, sino el amor que se pone en las cosas.
Me viene a la mente cómo se sentirán en el cielo Monseñor Fiallos, Mons José de la Cruz Turcios, Monseñor  Cáceres, Monseñor Héctor Enrique Santos. Cómo se sentirán las miles de personas que a lo largo de los años con sus contribuciones de unas moneditas, con grandes o pequeñas romerías contribuyeron a levantar el santuario. Probablemente son incontables y no tenemos manera de saber quiénes ni en que circunstancias contribuyeron, pero lo cierto es que la hoy Basílica, me tiemblan las manos al escribirlo, no la levantaron los “todopudientes”, sino la gente más pobre de nuestra Honduras y allende nuestras fronteras patrias.
Hace años, revisando las cuentas que de los libros de contabilidad de la construcción me fui encontrando, me topé con el nombre de la mamá del señor Cardenal, doña Raquel Maradiaga. Me imagino que en el cielo debe estar brincando de la alegría de ver lo que su hijo nos anunció, lo que en el fondo ella contribuyó a levantar, su hijo lo corona.
Igual sentimiento deben tener mi abuela materna, mis tíos, ya fallecidos, y la gente que a través de mi madre me fueron inculcando el amor a la “Pita”.
Ojalá la casa común de la Madre de todos, incluso de aquellos que la rechazan como tal, vuelva a ser lo que originalmente estaba llamada a ser: lugar de encuentro, de perdón, mesa de familia, espacio de oración, templo de Paz y fuente de identidad.
Quiera Dios que esta declaración del Papa, nos lleve a reconocer que en Honduras, las cosas pueden y deben ser mejores. Cierto que un título no lo es todo, pero refleja que no se camina en balde ni se lucha sin sentido.

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Esta entrada fue publicada el 11 septiembre 2015 por en Punto de Vista, Reflexión.
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