Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Patria

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Diálogo “Fe y Razón”
Patria
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Literalmente la patria es la tierra de los padres, el sitio de los antepasados, donde tenemos nuestras raíces, el ámbito de nuestra cultura. La patria es paisaje, sociedad, modo de hablar, instituciones, vida. El problema no es saber qué es patria, sino cómo nos relacionamos cada uno de nosotros con ella. Vivimos en una época de globalización, no sólo de mercados, sino también de relaciones de todo tipo, lo que podría relativizar el concepto de patria.  Pero, hoy como ayer, hay quienes han sobrevalorado su patria, al punto de pensar que es el mejor de los mundos posibles e incluso, cayendo en la xenofobia, menospreciando a los que pertenecen a otros pueblos, razas o culturas. También encontramos el polo opuesto, de quienes creen que su patria no tiene gran valor o quienes, diciendo todo lo contrario, se comportan como verdaderos enemigos de sus conciudadanos.
Tomando en cuenta ambos extremos, ¿dónde estamos nosotros?  Hay comportamientos,  muy generalizados lamentablemente, que nos ubican más cerca del segundo. En efecto, hay demasiado “malinchismo”, consistente en pensar que las personas, productos y culturas del extranjero siempre son mejores que lo propio. Hay mucho pesimismo, probablemente nacido de tanto maltrato,  malos servicios, y promesas incumplidas, que generan una visión negativa de la vida y el futuro. Hay sobreabundancia de corrupción, que, además de ser delito, constituye un irrespeto radical al bien común. Es muy frecuente escuchar hondureños hablar muy mal de Honduras, sin ningún pudor, frente a cualquier extranjero. Irresponsabilidad, indolencia, falta de amor propio son también otros males que abonan al bajo nivel de patriotismo que se observa en muchos.
Algunos, en fin, justifican ideológicamente su desapego de todo lo nacional, con la gastada tesis de que no somos independientes, que en septiembre no hay que celebrar e inculcan sus devaluadas teorías en las mentes de los más jóvenes.
Justo es reconocer que hemos tenido y tenemos ciudadanos y ciudadanas que son un orgullo nacional; que hay gente que con su emprendimiento o su esfuerzo profesional luchan en serio por un mejor porvenir; que hay pueblos que, como el de Olanchito, tienen en altísima estima los valores cívicos; que a algunos no se nos ocurre cambiarle el nombre a la patria porque HONDURAS significa profundidades, seriedad, riqueza interior.
La lamentación nostálgica del Salmo 137 por la patria ausente, nos hace ver el apego de los hijos de Israel por su tierra: v. 5 Si me olvidare de ti Jerusalém pierda mi diestra su destreza; v.6 Mi lengua se pegue a mi  paladar, si de ti no me acordare.  El fundamento de este amor patrio no es sólo de naturaleza cívica, tiene su fundamento en Dios. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Yavhé en todo cuanto le pedimos?  Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios tan justos como es toda esta Ley? (Deuteronomio 4, 7-8).
Nuestra Honduras actual se empezó a gestar en la colonia con fundamentos cristianos. Y Jesús, que lloró al vislumbrar la ruina de Jerusalém, ciertamente estará de acuerdo que nosotros, Pueblo de Dios, seamos al mismo tiempo ciudadanos responsables de la Patria, luchadores por el bien común y abanderados de la justicia, el respeto y la paz.

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Esta entrada fue publicada el 4 septiembre 2015 por en Diálogos Fe y Razón, Punto de Vista.
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