Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Otra de Papa Francisco

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Reflexión
Otra de Papa Francisco
P. Juan Ángel López Padilla
En medio de una semana con tantas informaciones encontradas con respecto al ambiente político, por lo ocurrido en Guatemala, y vale que sigo creyendo, por confirmación a lo que escribí el domingo pasado, que tenemos mucho que aprender de lo que está pasando en aquella hermana república, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Pero más allá de todas las noticias negativas o semi positivas de estos días, lo que me ha tenido pensando son las palabras hermosas de Papa Francisco en la carta que envío al Prefecto de la Congregación para la Nueva Evangelización, en vistas al próximo Año de la Misericordia.
Estamos a meses de este tiempo jubilar y yo me estoy “relamiendo los bigotes”; y eso que estoy bien afeitado.
Ninguno de los que nos enorgullecemos de pertenecer a la Iglesia, ya sea que estemos o no de acuerdo con algunas de sus acciones, negará que este Papa es fuera de serie. Como yo no tengo absolutamente nada en contra de todo el bien que está haciendo, ni de sus palabras y menos de sus gestos; tengo que admitir que lo escrito esta semana no me extraña, pero me alegra que me haya sorprendiendo gratamente.
Mientras algunos medios, tonta e inútilmente, se encargaban de generar una controversia donde no la había porque como siempre, para vender y llamar la atención se ocuparon de llegar a extremos de considerar que el Papa había cambiado la doctrina de la Iglesia, con respecto al aborto.
Suficientes situaciones de mayor trascendencia hay en nuestro mundo como para fijarse en esas cosas que no tienen ni pies ni cabeza. Lo único que si refleja esa controversia es que hay un gran desconocimiento de qué es y cómo actúa la Iglesia. Si aumentan las posibilidades para acceder al perdón sacramental, no se cambia la doctrina, se enseña quién realmente es Dios.
Quizás lo que más ha intentado el Papa es reflejar el rostro de un Dios que es todo misericordia. Distante de cualquier concepto revanchista, vindicativo o justiciero.
Este Año de la Misericordia convocado para comenzar este próximo 8 de diciembre será una bellísima oportunidad para confrontarnos con nuestra historia y descubrir que el perdón de Dios, su misericordia nos inunda de tal manera que no ahoga, sino que libera.
Nada más liberador que el perdón, que el amor. Por eso es que nos sentimos como ahogados en nuestra Honduras. Hay demasiado odio, demasiados insultos. Tantos puntos que deberían de acercarnos, para no quedarnos únicamente indignados sino acercarnos a la verdad activa, a la construcción de una sociedad en que se respire el deseo de poder ser mejores. El problema es que mientras no haya arrepentimiento y propósito de enmienda legítimo, las vías se agotan y parecemos grabación repetida.
A los que tienen el poder de decidir, deberían de entender que más angustia no pueden seguir causando, que nos están empujando a un abismo del cuál tampoco se salvarán.
No podemos permitir que el odio nos ciegue y que en el nombre de un Dios, que es misericordioso, pero también leal, vendamos nuestra conciencia y nos aliemos con el mal de aquellos que son incapaces de ver más allá de sus narices, ávidas de poder y de dinero.

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Esta entrada fue publicada el 4 septiembre 2015 por en Punto de Vista, Reflexión.
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