Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Acepción y opción

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Acepción y opción
Jóse Nelsón Durón V.
Existen circunstancias en que, como un rasero frío, exacto, y, hasta cierto punto justo, las personas somos expuestas en nuestro cabal y relativo potencial con los otros: en la enfermedad o necesidad, en la guerra, en un accidente, las desgracias y la muerte, por ejemplo. En estas coyunturas no hay factores que engrandezcan o disminuyan a nadie, cada quien recibe lo que está disponible. Por supuesto que factores externos como el dinero, la riqueza, el poder y el favoritismode algunos, o de algo, hacia la persona sufriente, puede marcar una diferencia en los casos no tan extremos, pero en el filo del abismo o cayendo ya por la ladera de lo irremediable, las posibilidades de resguardarse o salvarse son iguales para todos; y el lograrlo sólo dependerá de las habilidades o potencialidades personales de cada uno. Por supuesto que estamos meditando solamente dentro de la escena de la temporalidad, que es donde, o cuando, todavía tenemos ocasión de influenciar o condicionar algunos resultados.
Si pusiéramos atención a las cosas que se van dando en el mundo, nos asombraría descubrir que siempre y en todas partes ha habido entidades o personas que alertan sobre posibles desgracias, eventos o circunstancias que podrían llegar a ser, o que con seguridad serán en el futuro, una escena de peligro que requiere la atención previsora de la sociedad, de la comunidad científica, financiera o especializada, o de alguna institución o persona, para evitar un mal mayor o, incluso, la ocurrencia del mismo.
En términos ambientales podría mencionarse la desertificación, deforestación, incendios forestales, intrusión marina de acuíferos costeros; protección de cuencas y riveras de depósitos de agua y ríos; desecho de basuras; saneamiento; calentamiento global y muchos otros.
Recuerdo a Su EminenciaOscar, Cardenal Rodríguez Maradiaga, afirmar en el momento del huracán Mitch que los ríos estaban reclamando el curso que les habíamos robado; al entonces Cardenal Joseph Ratzinger, posteriormente Papa Benedicto XVI, 265 sucesor de san Pedro al frente de la Iglesia, alertar con una asombrosa anticipación sobre el relativismo que habría de producirse en el segundo milenio de la historia; las grandes Encíclicas, Cartas Pastorales y otros documentos originados en Roma que nos advierten sobre sucesos que estarían siendo incubados en la historia y que merecerían atención; no han sido soslayados los temas del trabajo, salud, política, reproducción, migración, bien común, desarrollo y así sucesivamente.
Por supuesto, la comunidad científica ha alertado y escrito mucho sobre estos y otros temas de importancia esencial para todos. A nivel nacional, muchas personas y profesionales han previsto catástrofes de índole económica, política, social y otras, sin que se hayan tomado precauciones o medidas para paliar consecuencias o solucionar las graves carestías actuales en el momento de la advertencia.
Hoy nos enfrentamos con la sequedad de nuestros ríos y campos, producto de la falta de previsión de aquellos que, sabiéndolo, no levantaron la mano o no decidieron pasar la vista por el desierto de las reales necesidades, entretenidos en jugar con las riendasde la carreta de todos, como alegres conductores de los locos corceles de la ambición, en una juerga inacabable de poder y de gloria engañosa y falsa. Allí la tienen, gócenla o padézcanla, porque ahora es tiempo de recapacitar y cobrar facturas. También es tiempo de sufrir en carne propia la necesidad que muchos padecieron y continúan padeciendo sin recibirmínimas atenciones. La sed, tanto la de justicia, respeto, dignidad y derecho, así como la hídrica, que tantos predijeron como causa de la tercer guerra mundial, que ya comenzó, tiene un dedo amenazante sobre todos y no bajará mientras no se tomen las decisiones apropiadas, sin hacer acepción de personas y de grupos, mucho menos de intereses, pues el peligro es general. Hay, sin embargo, una diferencia entre las palabras acepción, que Dios no adopta ni reconoce, y opción preferencial, que el Señor favorece. Hacer acepción es diferenciar, desigualar, oponer, privilegiar; por esta razón incluso nos advierte sobre esto: para Él todos somos iguales y así seremos juzgados.Ynosotros, en esta vida, debemos tratar a todos por igual. La opción preferencial significa recibo, adopción, justicia, misericordia, amor: aquel tenía todo y no hizo lo que debía hacer, no te alimentó, dio de beber, cobijó, visitó cuando estabas enfermo o prisionero de la injusticia, ni siquiera te dio un puesto en su vida o te notó… mientras tanto, tú sufrías, necesitabas, anhelabas y clamabas sin ser escuchado. Ahora ven, amado hijo mío y recibe la consolación eterna de mi amory mi abrazo paterno que todo lo sana, conforta, suaviza y serena.

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Esta entrada fue publicada el 4 septiembre 2015 por en Caminar, Punto de Vista.
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