Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

“Vivirá para siempre”

p7alEncuentro

Al encuentro de  la palabra… según San Juan para la Lectio Divina
“Vivirá para siempre” (Jn 6,51-59 – XX Domingo del Tiempo Ordinario)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@gmail.com
Seguimos en la lectura continúa del discurso eucarístico de san Juan en su capítulo 6. Todos los especialistas están de acuerdo en señalar que para elaborar este discurso, él tomó mano de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento. Indiscutible es sin duda la referencia al simbolismo del banquete preparado por la Sabiduría, personificada en el finísimo díptico de Proverbios 9, que es la primera lectura de este domingo. Como la Sabiduría, Cristo también prepara e invita a la humanidad a su banquete. La parte final del discurso de Cafarnaúm es, según los estudiosos, el pasaje de una liturgia eucarística, tal vez la huella de una homilía de la Iglesia primitiva. Es, pues, sin lugar a duda, una meditación sobre aquella cena que cada domingo se celebraba “partiendo el pan” (Hch 2,42). El texto es denso en todo su desarrollo, teniendo como centro el v.55: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”. Cristo es nuestro único Salvador. Pues bien de esta afirmación de fe absoluta en su poder, eldiscurso asegura quepara obtener la salvación se necesita comer la carne y beber la sangre de Cristo, por medio de los cuales, estamos siendo salvados y resucitados en el último día. Quien quiera estar salvo debe de estar plenamente sostenido por Él, alimentado y transformado.
Si el sentarnos a la mesa de la familia o la de los amigos, indica un alto grado de intimidad y confianza, el cristiano debe por igual ser capaz de entrar a esa intimidad, capas de sentarse a la mesa de la Eucaristía. Y desde esa comunión con Cristo por medio de su admirable sacramento, se opera también la transformación de la vida del cristiano: “El que come mi carne permanece en mí y yo en él”. Ciertamente debemos preguntarnos si al comulgar, nos transformamos en quien recibimos.
Así pues, todos podemos comprender a través de este maravilloso discurso de Jesús, que la vida ofrecida por Jesús a través de la comunión con su cuerpo y sangre, no tiene nada que ver con el canibalismo, no es una “transfusión” de vida física sino que es el don de la misma vida divina. Y, todo como lo explica el mismo Jesús, que Él siendo el dador del pan del cielo, inaugura esta nueva forma de sentarse a su mesa y comer, por el misterio de su entrega cruenta en la cruz del Calvario. De aquí que la Eucaristía es acción de gracias al Padre por el sacrificio de Cristo, actualización de una muerte que da vida eterna, y que se anuncia como acción salvífica hasta que el propio Señor vuelva.
Finalmente podemos afirmar que Juan, tal vez, ha conservado un eco aún más fiel de las palabras de Jesús porque en arameo, la lengua hablada por Él, en vez de “cuerpo” se usaba el término “carne” destinado a indicar toda la persona. Con este recuerdo incluso literario de un ayer que en la Eucaristía es un continuo presente, volvemos a aquella sala “en el piso superior”, de aquella noche santa, llena de alegría y temor, de tristeza y esperanza, en donde Jesús, en el signo del pan y del vino nos dejó el memorial perfecto de su pascua, es decir, su paso de la muerte a la vida y de su presentica perpetua a través de los siglos. Realmente en cada Eucaristía, tocamos, comemos y bebemos

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Esta entrada fue publicada el 14 agosto 2015 por en Buenas Nuevas.
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