Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

“Yo siempre decía esta oportunidad no la pierdo por nada”

Alex Reynaldo Briceño Huete, Diócesis de Choluteca.

Alex Reynaldo Briceño Huete, Diócesis de Choluteca.

…una noche en un programa vocacional por Radio Paz, me quedé meditando aquella invitación que hacia un seminarista a la vida presbiteral…
Alex Reynaldo Briceño Huete
Diócesis de Choluteca
II de Filosofía
Soy de la Diócesis de Choluteca, de una comunidad, la Bonanza  Namasigüe, de la Parroquia San José Obrero, por gracia de Dios tengo a mis dos padres y también ocho hermanos  somos una familia muy unida. A los 10 años hice mi primera comunión, a los 15 mi confirmación; pocas veces iba a la Iglesia, mi familia muy poco asistía a la celebración de la Palabra. Por lo tanto no me exigían…
A los 17 años empecé a ir más seguido a la Iglesia, deseaba tanto pertenecer a un grupo juvenil,  pero nadie en mi comunidad de los agentes de pastoral se quería comprometer a formar  jóvenes…  hasta que por fin llegó un seminarista a final de año a mi comunidad con esa intención,  fue una gran felicidad para mí ese día, pero no sabía todo lo que significaba formar parte de un grupo.
Cuando me explicaron me interesó más, pero ahí empezaron mis problemas con mi familia, especialmente con mi papá, porque se oponía.
Yo siempre decía esta oportunidad no la pierdo por nada, me sentía realizado en el grupo de jóvenes. A los 18 años empecé como aspirante a delegado, el problema con mi papá se hizo más grande, pero no me detenía… para mí lo que él decía  era un reto aunque tenía miedo a ese cargo.
Ese mismo año (el 2009), una noche en un programa vocacional por Radio Paz, me quedé meditando aquella invitación que hacia un seminarista a la vida presbiteral;  sentí el deseo de ir al encuentro, al día siguiente le comente a mi mamá lo que sentía, de su parte fue una respuesta  negativa por la cual no pude dar una respuesta positiva esa primera invitación.
Hasta el 2011 inicié los encuentros de acompañamiento para ingresar al Seminario Mayor, sin decirle nada a mi familia, porque sabía que no estarían de acuerdo (sólo lo comentaba con algunas personas de confianza), hice todo el proceso y fui aceptado.
Cuando mi familia supo de esto se sorprendieron y se molestaron mucho conmigo.  Lo que recibí de parte de ellos fueron palabras de rechazo, diciendo que no contara con ellos, fue lo más duro que pude recibir por parte de mi familia, fueron momentos muy difíciles.
Sólo pedía a Dios (llorando por las noches) que entrara en el corazón de ellos. Tomé la decisión de no ingresar al seminario ese año, para que el Señor entrara más en ellos.
Poco a poco fueron  aceptando mi decisión.  Volví a los encuentros de nuevo y fui  aceptado nuevamente por el  Seminario Mayor,  por lo cual ingresé en el 2013.
Ahora estoy en segundo año de filosofía y mis padres están muy contentos con este camino que decidí tomar y que Dios eligió para mí. No es fácil luchar con la propia familia pero tampoco imposible; lo que siempre pensé es que mi felicidad dependía de mí no de ellos aunque son parte de ella.

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Esta entrada fue publicada el 20 julio 2015 por en Ecos del Seminario.
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