Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Pecados capitales

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Peflexión
Pecados capitales
P. Juan Ángel López Padilla
Es interesante escuchar la opinión de aquellos que repiten que “la gente ahora no cree en nada ni en nadie.” Cierto es, que existe este extremo y más en una sociedad como la nuestra; pero, es aún más cierto, que el problema toral estriba en que la gran mayoría cree cualquier cosa, sin analizarlo, sin pasarlo por el tamiz de la racionalidad, ni de la urbanidad siquiera. Hoy en día se cree cualquier cosa y, lamentablemente, a cualquiera.
En este mar de opiniones y desencuentros es natural que las posiciones adoptadas terminen volviéndose infranqueables y sea más fácil levantar muros que construir puentes.
Es a esto a lo que nos enfrentamos como sociedad y a lo que debemos oponernos con toda decisión. No debemos retornar, como ha ocurrido en repetidas ocasiones en nuestra historia nacional, a encerrarnos en un “pensamiento único”.
Tengo semanas de estar girando en torno a la misma temática porque sigo convencido que, lo que nos pasa en Honduras es una oportunidad, de la que desesperadamente nos estamos alejando por esa eterna manera de dejarnos arrastrar por los pecados capitales de nuestra política.
Hay una soberbia tan grande en nuestro país, que se está transformando en un vicio avasallador; que desemboca en creer que somos dueños de la verdad y que escuchar a otros es perdida de tiempo.
Hay una avariciaque nos tiene como nos tiene, porque el dinero cegó a los que sólo eran administradores. La voracidad de los que gobiernan y la de los “comerciantes” ha sido tan desmedida que sinceramente creo que en el momento de enterrarlos ocuparán varios ataúdes, porque creyeron que todo lo acumulado se lleva al Hades. El cielo ya pasó para ellos según la parábola de Lázaro.
Hay una envidia que simpáticamente sienten aquellos que ya estuvieron en el poder y quieren volver a toda costa a gozar de esas mieles. Otra que es la de aquellos que les encantan caminar con sirenas de policía que les rodee y otra de las de aquellos que secretamente, añoran tenerlo todo. Hay que despojar a los ricos… para hacer nuevos ricos.
Hay una lujuria que justifica cualquier acto de dominación. No sólo es el avasallamiento sexual, es que la única manera de demostrar su hombría es vía ofensa. Hay un moderno masoquismo y sadismo en el manejo de las relaciones sociales que nos está matando.
Hay una gula que nos engaña al creer que “engullendo” todos los órganos del Estado o la opinión pública o las protestas en las calles, seremos felices. Hay quién nunca estará satisfecho porque: sólo en Dios descansa nuestra alma. Hay una ira que está cegando a muchos. Anteayer fueron pancartas, ayer fueron piedras. Hoy y mañana, no sabemos. Todo eso, porque la indignación no escuchada, se cansa y lo que comenzó siendo algo sano y necesario, puede desembocar en un mar de odio, salado con la sangre de los que no debemos olvidar, pero también anegado por las incertidumbres de una lucha que se puede desbocar.
Y todo, producto de la pereza de aquellos que pudiendo poner en camino las rutas del cambio, se decidieron por la diligencia por rodearse de lujos, de viajes, de poder; pero no por el trabajo honesto, por la voz de la conciencia.

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Esta entrada fue publicada el 16 julio 2015 por en Punto de Vista, Reflexión.
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