Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Bienaventurados los que trabajan por la paz

p4JuanAngelReflexión
Bienaventurados los que trabajan por la paz
P. Juan Ángel  López Padilla
En nuestros días, eso de las bienaventuranzas parece a ratos una idea loca, salida del corazón del Señor, pero poco realista; casi inaplicable para nuestros tiempos. Aunque creo que da igual el tiempo, la edad y la circunstancia. Siempre sacarán roncha y generarán polémica. Vivimos una época en que los inmediatismos, las reacciones contestatarias, las sospechas, las acusaciones y contraacusaciones, están a la orden del día. Para resumirlo en palabras de una viejita sabia de mi parroquia: este mundo está patas arriba.
Esto del relativismo nos está matando. Todo es relativo. ¿Han visto las pasiones con las que la gente está defendiendo sus posturas en este circo político en el que estamos metidos? Es increíble no sólo el nivel de exacerbamiento, de intolerancia y de ofensas. Claro que es indignante todo lo que hemos vivido, o estamos viviendo. Pero no podemos ni debemos perder el norte. No todo tiene el mismo peso y no todo debe ser desestimado de un plumazo por el simple hecho de que no me parece o no me gusta.
La bienaventuranza que en última instancia queremos para Honduras es la paz. La paz nace de un corazón limpio que no se deja engañar por cantos de sirenas, pero tampoco se hace el sordo cuando en juego está la dignidad de los que no se pueden valer por sí mismos.
Esta bienaventuranza viene, trabajando por ella. Es imposible creer que se va a dar quedándose de brazos cruzados, pero trabajar no significa hacerlo sin un cierto orden, por demás necesario. A veces nuestros primeros impulsos frente a una injusticia son correctos, pero si queremos que prevalezca el valor que nos empuja a actuar es necesario que sepamos medir nuestros pasos, para no permitir que un apasionamiento nos desvíe del fin último.Escuchando el parecer de tantas personas, jóvenes y adultos, me doy cuenta que la crisis que vivimos nos puede llevar lejos, si aprendemos todos del mal manejo que se está haciendo de la situación; pero, puede ser un desperdicio de tiempo y energía, cuando no nos medimos y la prudencia no nos orienta.
La prudencia es mi virtud cardinal preferida. Saber cuándo, cómo y por qué actuar; me parece razón suficiente para arriesgarse con la luz de la esperanza, que tanto puede y debe iluminar las antorchas que han señalado el descontento; pero también, la prudencia debería llevar a los que nos gobiernan a dejarse iluminar por la antorcha de la conciencia, a saber administrar las crisis y no ignorar lo que por demás es evidente: Honduras, gracias a esta generación, ya no es la misma.
Honduras ya no puede resistir más divisiones, que pueden ser atajadas a tiempo y no por cálculo político.
Con todo el respeto que se merece cualquier hijo de esta patria: trabajemos por la paz sin tanta vuelta y sin cobardías. Si toca ceder a alguna posición y procurar el bien de la mayoría, escuchar el reclamo legítimo y aventurarse por el camino del dialogo, hay que hacerlo. La historia nos enseña que la tumba de los que no se han despojado de su soberbia, siempre es recordada como un apéndice; pero la de aquellos que se atrevieron a caminar y vivir rectamente, es un monumento que siempre tendrá flores y una ventana en el cielo.

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Esta entrada fue publicada el 3 julio 2015 por en Punto de Vista, Reflexión.
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