Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Tortillas con frijolitos

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Tortillas con frijolitos
Jóse Nelsón Durón V.
Hacen falta cuartillas, espacios y momentos para continuar hablando y escribiendo sobre el hermano Nelson Danilo Aceituno, excelente y feraz alma de Dios que iluminó tantas almas con su fe, su infaltable alegría, que le caracterizaba, y sus hilarantes carcajadas que hendían los aires en las sonoras ondas de Radio Suyapa y en algunos programas de Canal 48 ahora Suyapa TV. La radiodifusión nacional está de luto y todos los que tuvimos el altísimo honor de conocerle y compartir con él, aunque sea un poquito, por esos caminos de Dios, vamos a recordar para siempre su ánimo y entusiasmo. Cuando conocí de su regreso a la Casa del Padre, posteé: “En El Chimbo, La Unión, Santa Lucía y todos los lugares por donde caminaste, Nelson Danilo Aceituno, siempre habrá un fogón encendido para prepararte una tortillita con frijoles y una taza de café. Dios te reciba en Sus amantísimos brazos.” Y lo escribí con el corazón compungido, pero alegre, sabiendo en lo más íntimo de mi corazón que él se ganó a pulso la Corona.
No puedo menos que recordar, hace más años de los que desearía, cuando movió ágilmente su hermosa humanidad por los senderos montañosos de La Unión, para celebrar una posada en una humilde casita de bahareque, entrando la noche en una fría tarde de diciembre, con olor a humo, frijolitos, tortilla, candela y amor hermano; de esa casita salió una comitiva para ir a cantar a Radio Suyapa con voces nacientes e instrumentos sencillos; en carrito paila que fue detenido porque era prohibido llevar ¡diez! personas en la paila; pero el Agente de Tránsito nos dejó ir porque íbamos a cantar en la radio Católica… No terminarían los recuerdos.
La historia del hombre está llena de signos, mártires, santos, oraciones, gestos y entregas, que Dios propicia como testimonios de su gran amor por la humanidad y de su gracia, para que nos sirvan de instrumentos y armas para estructurar y dar forma al Reino de Dios en la tierra. Como Nelson Danilo, pueden mencionarse muchas personas que pueden y deberían ser recuerdo permanente de valores espirituales y morales; que dedicaron sus vidas al encomio y cultivo de la honradez, la autenticidad, el respeto de la dignidad ajena, la verdad, la justicia, el combate de la corrupción, de la delincuencia y tantas otras luchas humanas en una “guerra” desatada para defender y propiciar en el ser humano la imagen y semejanza de Dios.
Los dos Alfredos, Landaverde, mi amigo y vecino, y Villatoro en HRN, son apenas dos nombres que deberían ser tallados en los corazones catrachos, al igual que muchos hondureños que dieron fe de su calidad humana y de su entrega a una misión que, calladitamente, el santísimo Dios susurró en sus oídos el día de su bautismo. Sus recuerdos y legados deberían ser los discursos únicos a escuchar, imitar y propagar, en contraste con discursos gastados pronunciados con intereses mezquinos que agrían ánimos y provocan la idolatría del odio, el irrespeto, la incultura y la desunión, cuando no la delincuencia, droga, delito, desánimo y la depresión.
El susurro de Dios, la Ruah de Dios en el Antiguo Testamento, el Aliento creador y santificador, el mismo Espíritu Santo que se manifiesta de manera esplendente en la Pascua del Señor Jesús, Hijo de Dios, resucitado por la inefable voluntad del Padre, “expresa la relación entre Dios y las criaturas, la dependencia indigente del ser humano y la omnipotencia bienhechora de Dios, la noción misma de la Gracia”. Esa Gracia, especialmente en este Domingo de Pentecostés, debe ser impetrada por todos, para que aceite y unte cada una de las vidas, su fe, sus pensamientos, intereses y obras, de modo tal que las relaciones entre nosotros sean siempre para provecho y bien común, crecimiento espiritual, material, cultural e intelectual, y dejemos de una vez por todas los ídolos humanos para entregar nuestras vidasa la misión encomendada a la Iglesia, en la “primera predicación pública de Cristo hecha por Pedro y los demás apóstoles en Jerusalén bajo la influencia del Espíritu Santo prometido por el Resucitado y entregado como nueva Ley de los cristianos.” Así nació la Iglesia y así debe ser impulsada siempre, por el Espíritu Santo hacia todos los hijos de Dios, iluminada por la fe, esperanza y caridad de quienes le sirven. Estamos llamados a ser fuente cristalina y pura de ideas, pensamientos, acciones, planes y políticas del bien común, sustancia y materia prima y privativa del Reino de Dios en la tierra, como es la tortilla, los frijolitos, el café y otros elementos de la vida diaria del hondureño en nuestra pretensión de armar una tierra buena para todos. Que así sea.

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Esta entrada fue publicada el 1 junio 2015 por en Caminar, Punto de Vista.
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