Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Tiempos Aquellos

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El Mundo de Los Apuros
Tiempos Aquellos
Asdrúbal Henríquez
Hola  amigos y amigas; ¿qué se tienen de nuevo? No sé si a  usted le ha pasado, pero resulta agradable volver “al baúl de los recuerdos” y traer así al presente un poco de aquellas experiencias que nos hicieron pasar momentos muy bonitos en la niñez o en la adolescencia.
Las personas que pasaron su pubertad allá por los años 70 a los 80 los oía hablar de una Discoteca, aquí en Tegucigalpa, llamada Infinito. Sí recuerdo que había una edificación a un extremo del aeropuerto Toncontín que tenía forma de castillo encima de un cerrito y dicen que ese era el mencionado club de baile. Otros mencionaban La Boccacio 2000 pero nunca la ubiqué.
Bueno, sólo quiero quedarme con los bonitos recuerdos pues algunos de estos lugares fueron “centros de perdición” para unos,  para otros fue la oportunidad de ligar una novia o un novio. Es la misma pareja con la que hoy son cónyuges y con la que se peinan mutuamente sus canas; los mismos que cuando eran jóvenes cantaban “Amar es entregarse…”  y hoy, en su vejez cantan “No podemos caminar…”
Eran los tiempos en el que un huevo de gallina costaba 5 Centavos, el pasaje de bus valía  20 centavos, el taxi colectivo andaba por 1 Lempira. Cuando mis padres  se referían a un “treintero” yo juraba que era un  bus inmenso y no era más que un taxi directo que ganaba 30 centavos allá por años 50 o los 60; claro, el salario mínimo era de 150 Lempiras.
Muchos de nuestros padres hicieron un gran esfuerzo por cultivar valores en nosotros sus hijos. A veces con castigos rigurosos pero aprendimos a andar aseados, a saludar, a ser productivos, a realizar nuestras tareas tanto las de la escuela como las de la casa y, fueron esos mismos padres con su religiosidad popular, que nos enseñaron a “amar a Dios sobre todas las cosa”.
Las cosas materiales pasan y pasan, vienen y se van; los acontecimientos vienen y se van y tienen su afán según su vigencia en el tiempo; lo importante al final es la riqueza espiritual que va dejando en cada uno de nosotros. Si en lo que se ha trabajado a través de los años, con todo lo que se ha gastado en electrodomésticos, en la casa, en el carro, en la escuela de los hijos; si con todos esos logros, usted o yo seguimos siendo infelices, entonces la vida ha sido en vano. En cambio, si aún con las enfermedades  de moda, aún con las limitaciones; usted y yo descubrimos a Dios actuando en el espacio y en el tiempo, entonces somos personas felices.
Siga adelante hermano, no se detenga hermana; dele espacio a la felicidad porque es un valor que va de edad en edad. Es un valor eterno,  porque quien se lo regala es Dios; y él es eterno.

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Esta entrada fue publicada el 15 mayo 2015 por en El Mundo de los Apuros, Punto de Vista.
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