Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Niveles de violencia

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Reflexión
Niveles de violencia
P. Juan Ángel López Padilla
Cada vez que ocurren crímenes atroces en nuestro mundo, parricidios o fratricidios, masacres o “ajustes de cuentas”; escuchamos como una muletilla que cansa, aquello de que: los niveles de violencia se han disparado.
Admito que no soy muy ducho en muchísimas cosas, pero en esta lo soy muchísimo menos. Entiendo de estadísticas, entiendo de proyecciones y más aún de aspiraciones; pero, eso de “niveles de violencia” está muy por encima de mi entendimiento.
Claro que comprendo que se puede “medir” el número de muertos en una región o en una ciudad y que se puede cuantificar el número de asaltos, violaciones, infracciones a la ley, etc., pero, seamos honestos: ¿Alguno de ustedes puede medir la cantidad de enojo, de insultos, de discriminaciones, de “deseo” de matar a alguien?
Nos conmovemos, hasta la médula, cuando vemos videos como el de esa pareja de primos que se mataron en la Colonia el Loarque esta semana. Nos llevamos las manos a la cabeza, nos la sobamos y sacamos una frase de sabiduría de profundidad y altura: “¿hasta dónde vamos a llegar?”
El problema, a mi humilde parecer, es no ¿hasta dónde?, sino ¿desde dónde? Porque las raíces de todos los “niveles de violencia” no están en el número de narcotraficantes o de pandilleros o de sicarios que hay a nuestro alrededor. La raíz de todo esto tampoco está sólo en el “ambiente”. Está en nosotros, en nuestras familias.
A mi, en la vida, me han sacado pistola 2 veces. Una, en tiempos de la famosa crisis del 2009 (según los gustos: golpe, sucesión o macaneo), porque algunos sabihondos nacidos de ideologías trasnochadas y trasplantadas, se les metió que era cosa buena asustar a un sacerdote que enfrentarásiempre, en el marco en el que lo hacen los hombres, es decir, de las ideas; a los que mientan y manipulen, roben y denigren, sea de la tendencia que sea.
La segunda vez, fue en medio de la pelea por asuntos de mal manejo de un pobre muchacho al que no le enseñaron nunca que había que poner la señal de doblar en su vehículo, cuando se cambia de carril y cuando un señor taxista, que le pitó por su maniobra incorrecta, fue amenazado por eso, yo intervine para calmarlo, pero antes de que se fijara que andaba con mi camisa clerical, ya nos había sacado pistola. De algo sirven esas camisas. El asunto es que la primera vez, experimenté la violencia del que tiene el poder o lo ha perdido y se aferra a él a como dé lugar. Fuera de haber sido un acto deleznable y cobarde, me llené de profunda tristeza porque no podía creer que llegásemos a esos extremos por una codicia incontrolada y manejada al antojo de los que desde lejos, lo conducen todo pero hablan de paz y de libertad.
La segunda vez, me dolió incluso más, porque el joven, por el queoro siempre que recuerdo esto, se atrevió a desenfundar aquella pistola en compañía de su hijita. Aquello me dejó muy dolido.
Eso de niveles de violencia es un eufemismo. Quiera Dios algún día podamos hablar más, porque nos nace y lo cultivamos, de los niveles de amor y de esperanza.

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Esta entrada fue publicada el 8 mayo 2015 por en Punto de Vista, Reflexión.
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