Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Ellas son la más alta expresión del amor

Varias generaciones unidas, Aquí se muestra a doña Martha con una parte de sus hijos y dos generaciones más.

Varias generaciones unidas, Aquí se muestra a doña Martha con una parte de sus hijos y dos generaciones más.

“En el nombre de madre  se encierra la más alta expresión del amor, porque no puede haber en la tierra la imagen más clara de Dios” (Coro del Himno a la Madre).Texto: Delfina Lagos
dlagos@unicah.edu
Fotos: Eddy Romero, Delfina Lagos
Doña María de Jesús  Figueroa recién cumplió  96 años y ahora mira con los ojos del corazón pues con el avance de los años sus ojos languidecieron. Es madre de tres varones a los que ama entrañablemente y los recuerda intensamente en la soledad de una sala del asilo de ancianos en donde está recluida.
“Mis hijos no me podían cuidar y hace seis años estoy aquí.  Esta es mi casa… de verdad soy feliz”, esa frase encierra todo el sentir y pensar de nuestras madres, cualquiera que  sea la condición que ellas enfrenten.  Es el reflejo de  “la más alta expresión del amor”, como reza el coro de himno a la Madre.
Ella está en el Hogar de Ancianos Salvador Aguirre, ubicado en la Villa Olímpica  de esta capital, donde la cuidan y le dan el cariño que merece. Al llegar  a ese albergue se respira la paz  pues hay muchos abuelitos (as) que no tienen quien los cuide y han sido abandonados por sus familiares.  Otros  ya han perdido a todos los miembros de su familia.
Doña María de Jesús lucía  un vestido floreado, estaba  bien peinadita, pero resaltaba su mirada fija.  “Mi madre Santa quiso que mirara con los ojos del corazón ella sabrá por qué, pero en mis tiempos logre mirar por 90 años  y pude observar lo más que pude. Miraba a  mis hijos que son mi bendición”.
“Yo no les reprocho que me hayan traído aquí, le dejo todo a Dios, ellos vienen de vez en cuando.  Es posible otras madres estén en peores condiciones y hay que dar gracias que nosotros tenemos techos donde vivir y comida y mucho amor” relató.
En el lapso de la plática surgen los consejos de Doña María: “Este Día de la Madre, aunque ya no es alegría para mí, ya que no tengo a mi  madrecita que fue tan buena conmigo.  Ella murió en mis brazos y para ella su regalo en este día era que yo luciera bella, era tan linda y la extraño tanto” dijo con gran suspiro.
Pero de inmediato reacciona, yo tengo mis hijos,  mis nietas, nueras, ellos vienen y me visitan  “le doy una receta para que sus hijos sean personas de bien, no les grite, escúchelos, y deles mucho cariño.  A mis hijos nunca les pegué, igual que mi mamita a mí, jamás supe de un grito de ella y seguí el ejemplo, ya que así todo es paz”
Mayo es el mes de las  flores y el segundo domingo el calendario Cívico Nacional lo resalta para recordar al ser que nos dio la vida. Es una  ocasión especial para recordar un verso de un viejo escritor que dice: “Madre es la mujer que se adora sin medida, el ejemplo, el bello ser que nos dio la vida”.

CRUDA REALIDAD
La realidad hondureña es una gama de mujeres que son madres, muchas de ellas sumidas en la pobreza y sin oportunidades para sus hijos. Encontramos madres solteras, madres adolescentes; unas guerreras por ser niñas y madres a la vez, madres policías estrictas pero llenas de amor por sus hijos, o las madres que tienen niños especiales una doble bendición.
En el Hospital Materno Infantil se atiende un  promedio de 56 partos diarios y de estos un 23 por ciento son madres adolescentes, que esperan a su primogénito con gran entusiasmo. Así lo relata la doctora Ana Raquel Gómez, encargada de consulta externa de ginecología.
“Las madres que son niñas criando otro bebé son más dedicadas y la gran mayoría esperan con entusiasmo ese día que traerán a luz a su niño o niña. Esta es una realidad que asusta porque en Honduras las cifras de madres adolescentes son altas, pero no por ello se les debe dejar  reconocerles su nobleza y entrega por tener ese gran compromiso de haber dado luz a otro ángel de Dios”.

MADRE DE GENERACIONES
Dentro de esa gama maternas encontramos a las mamás de generaciones que son madres, abuelas y bisabuelas. Ese es el caso de doña Martha Rodríguez, una dama de piel trigueña, con su cabello ya manchado de canas, lo  cual refleja el pasar de los años.
Ella camina ayudada de un andador, porque sus rodillas son ahora  débiles por el pasar de los años, pero ella siempre anda de la mano de sus seres queridos. Esta esbelta dama es madre de 12 hijos de los cuales ya sólo tiene seis, ya que los demás fallecieron, pero si cuenta con muchos nietos y bisnietos y con su voz muy clara, nos cuenta:
“Ser madre no es fácil,  antes uno se acostumbraba a tener gran cantidad de hijos, será porque éramos más tímidas, pero yo que tuve una docena y después ya me toco criar algunos nietos. La situación cambia, la educación varia, si yo diera un consejo a estas madres de ahora les diría que si quieren un hijo sano manténgalo con su mente ocupada”.
Luego agrega:   “tuve un don, pues me considero madre no sólo de media docena de hijos si no de más de 100, ya que en mis tiempos ayudé a muchas mujeres a dar a luz, fui partera y gracias a Dios nunca se me murió un cipote.  Ese es el privilegio que me dio el Padre Celestial,  hoy soy más feliz.”
Seguir platicando con la madre de generaciones, escuchar tantas anécdotas al igual que percibir el canto de los pájaros que se acercan a comer la fruta de matasano que se encuentra en el solar de doña Martha, ubicado en Santa Lucía es un verdadero placer.

PARA RECORDAR
El contar las historias de las personas de la tercera edad es traer a la mente  el pensamiento del Papa Francisco cuando afirmó:  “Un pueblo tiene futuro si va adelante con  dos puntos; con los jóvenes, con la fuerza, porque lo llevan adelante y con los ancianos, porque ellos aportan la sabiduría de la vida y  hace tanto bien ir a visitar a un anciano (a) !Miren a nuestros chicos,  a veces los vemos desganados y tristes. Pero van a visitar a un anciano y se vuelven alegres Y con esas palabras nos llama el Santo padre a cuidar de los ancianos (as),  a no desecharlos.
Vivir con alegría el Día de las Madres es recordar que la fuerza es el orgullo del joven y las canas son orgullo de los ancianos. Estas madres de generaciones y las están en los diferentes asilos son orgullos nuestros,  merecen respeto y admiración y cuidarlas es responsabilidad de todos ya que atesoran bellas historias del país que nos ha visto crecer.

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Esta entrada fue publicada el 8 mayo 2015 por en Destacado.
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