Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Editorial del Domingo 12 de Abril de 2015

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Al culto de los altares
El próximo 23 de mayo, en San Salvador, tendrá lugar la beatificación del recordado Arzobispo y Monseñor óscar Arnulfo Romero, en la Plaza Divino Salvador del Mundo. Un santo de nuestro tiempo, que llevado de su amor a Cristo, entregó su vida, por la justicia y la verdad, en promoción y defensa de los más pobres de su grey.Al igual que su Maestro, donó generosamente su vida,hasta convertirse en mártir de la fe. Coincidentemente un certero disparo al corazón le quitó la existencia, en el preciso momento de la elevación del Cuerpo de Cristo, en la consagración eucarística. Indudable señal que su muerte es perpetrada por grupos políticos, que ponen sus intereses particulares, por encima de los valores del Evangelio. Rechazando  la doctrina y la moral evangélicas.
Monseñor Romero fue un hombre coherente, con su fe y con el papel que le tocaba desempeñar al frente del pueblo creyente. Fue un Pastor abnegado, que supo asumir con mucha valentía su lema episcopal: “Sentir con la Iglesia”. Por ello se colocó  al lado de los miembros de su Presbiterio que eran acosados por las fuerzas represivas del Poder Público y al lado de los pobres que eran avasallados por esas mismas fuerzas y por grupos armados, que defendían a quienes ejercían el Poder de la Nación.
En el centro de la lucha política, resaltaba el aspecto ideológico, lo cual servía para acentuar el ímpetu del conflicto político que vivía la Nación. Pero Monseñor Romero, viviendo profundamente su fe, encontraba en la Palabra de Dios y en la Oración, las fuentes de la razón que lo movía para hablar y actuar como “la voz de los que no tienen voz”.
Impulsado por el Espíritu Santo, supo denunciar el sufrimiento infligido a los pobres; a los excluidos; a quienes carecían de quien los protegieran. A aquellos a quienes se amedrenta con el uso de la violencia, conculcando sus derechos humanos y sometiéndolos a la opresión.
Pero junto con la denuncia de las injusticias, supo analizar y explicar los acontecimientos en la vida de su Pueblo, mediante el valor profético de la Palabra de Dios. Ella era el medio a través del cual, orientaba y enseñaba a la feligresía.Se guiaba por lo que la Palabra de Dios le sugería y por construir la comunión eclesial, por la cual trabajaba afanosamente.
Iluminado por la Doctrina Social de la Iglesia. Supo aplicar sus criterios a la realidad social, política y económica de su rebaño. Dando lugar a su denodado reclamo para que se respetara la Dignidad de cada Persona Humana, y la creación de un clima donde se viviera el esplendor de la solidaridad y la justicia.
Su proceso de beatificación ha tardado 35 años. A lo largo de este lapso, hubo una cruenta guerra civil en su Patria, con millares de muertos. Mientras tanto, el deseo de la Iglesia de América Latina ha sido siempre, que se diera reconocimiento oficial a su probada santidad, como la mejor forma de hacer justicia, al sacrílego crimen en que perdió su existencia.
Monseñor Romero fue un hombre valiente. Que superó todo miedo al enfrentar los grupos de Poder que estaban empeñados en acallar su voz. Su pensamiento, sus motivaciones, sus decisiones, expresadas en su “Diario”(editado 1990) no tenían otro propósito que cumplir la voluntad de Dios, a quien debía fidelidad y confianza,y se dabacon una entrega absoluta.
Al igual que Jesucristo, su Maestro fue denigrado, irrespetado y al finalsufrió una muerte martirial. Fue atacado de palabra y de obra, sin ninguna razón más que su postura de fidelidad a la Iglesia, evangelizando a través de la aplicación de los principios y valores del Evangelio, cual medios idóneos para encontrar avenidas de entendimiento y de diálogo, renunciando a la violencia, destructora de toda sociedad civilizada.
Después de su beatificación, “San Romero de América”, como le llamó Monseñor Pedro Casaldáliga CMF, estará expuesto a que se le rinda culto litúrgico; a servir de modelo de vida en su seguimiento de Cristo; y a que se le eleven oraciones y ruegos para su valiosa intercesión, por medio de la Comunión de los Santos.
En la Iglesia hondureña, la figura de Monseñor Romero deberá ser venerada como un  hombre de fe, que despojado de todo egoísmo y de intereses particulares, supo dar testimonio de un profundo Amor por los que sufren hambre y pobreza;por los que son avasallados por la violencia. Por defender la Verdad y la Justicia, como Jesús, el resucitado.
Monseñor Romero vivió profundamente las Palabras del Señor Jesús:“Quien me sigue no caminará en tinieblas….sino que tendrá la Luz de la vida”.

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Esta entrada fue publicada el 10 abril 2015 por en Editoriales.
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