Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Renovamos nuestra fe, amor y esperanza en Jesucristo

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La situación de dolor, violencia, sufrimiento, injusticia, pobreza, corrupción de las conciencias… en Honduras es tan honda y prolongada que sentimos fuertemente la tentación de fracaso sin remedio, de frustración de desaliento.Estimados hermanos por la fe cristiana o por la común dignidad humana, a través de los Medios de Comunicación Social, tengo la oportunidad de llegar hasta ustedes y dirigirles mi palabra en estos días de la Semana Santa o Semana Mayor.
¿Por qué la calificamos así, “Santa” o “Mayor”? Por los misterios Santos e importantes que los cristianos recordamos,  celebramos y vivimos: la pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
Ya desde el siglo segundo, los discípulos y seguidores de Jesús empezaron a celebrar anualmente la Pascua, el paso de Jesús de este mundo al Padre. No podían dejar en el olvido los momentos decisivos y últimos de su vida. No podían quedarse solamente en el anuncio y predicación del nombre de Jesucristo. Pasaron pronto, a reunirse en asamblea para recordar, revivir esos momentos y reproducir en sí mismos los sentimientos y actitudes de Jesús, el Señor. Y aquella tradición ha llegado hasta nosotros que hoy formamos la Iglesia, la comunidad de discípulos de Jesús en esta tierra hondureña. “Semana Santa”, “Semana Mayor” es un nombre cristiano.
Ahora bien, en los últimos años estamos viviendo profundos y rápidos cambios culturales que afectan también a la vivencia de la religión cristiana. Han pasado los tiempos de un ambiente social impregnado de las costumbres, los ritos y las creencias cristianas y hoy vivimos una cultura cada vez más pluralista en sus criterios, creencias y comportamientos y más independiente de las orientaciones de la Iglesia.
Por eso, para bastantes personas esta semana es ante todo una semana de vacaciones, de descanso o de turismo, tiempo de verano: agua, sol, diversión, olvido de los agobios cotidianos, sin una específica vivencia cristiana explicita, directa, comunitaria o, a lo más, con una lejana referencia a Jesucristo que no afecta verdaderamente sus vidas.
Son también días de viajes y desplazamientos bien para regresar al pueblo o aldea de donde uno es originario, para volver a las raíces familiares, bien para visitar lugares atractivos o turísticos del país.
Consciente de esta diversidad de actitudes y situaciones de las personas, apoyo, en primer lugar, las recomendaciones que están dando las diversas instituciones del país para la prevención de accidentes en las carreteras, en las playas y ríos, para la seguridad de la ciudadanía en los diversos lugares donde estos días se congrega y para el comportamiento correcto de las personas, sin abusos ni excesos que tanto daño pueden causar. Portémonos, pues, como personas dignas y ciudadanos responsables. La primera norma, prevención y seguridad  es nuestra propia conciencia y voluntad.
Pero no puedo quedarme en este nivel humano y social. Como cristiano y obispo de la Iglesia Católica en la diócesis de San Pedro Sula invito a todos a vivir una semana Santa en cristiano, es decir en comunión con Jesucristo nuestro Salvador y en comunión con los demás hermanos en la fe que en la ciudad, en los pueblos y en las aldeas, en todos los lugares del país, se reúnen para conmemorar los momentos sublimes de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el varón de dolores, el hijo amado de Dios.
Estimados hermanos que me leen, escuchan o miran, presten atención, les hago un llamado amoroso y apremiante a renovar, a revitalizar en estos días su fe, su amor y su esperanza. La Semana Santa  es un tiempo intenso y concentrado para expresar y aumentar la fe. Todas las celebraciones litúrgicas en los templos y las devociones populares en las calles (vía crucis, procesiones, alfombras), son manifestación de fe en Jesucristo. Realizamos esos gestos, acciones y dramatizaciones porque creemos profundamente en Jesucristo y al realizarlos de corazón crece y se intensifica nuestra fe. La fe crece expresándose y dándose. Que esta semana Santa sea un tiempo de fe intensa y renovada en Honduras. Honduras necesita creer de verdad para tener vida, en plenitud. ¡Señor yo creo, pero aumenta mi fe!
En la Semana Santa meditamos y contemplamos el amor de Jesucristo hasta el don y la entrega de su propia vida. La cruz de Jesucristo no es signo de maldición sino de amor y reconciliación. Con San Pablo, cada uno de nosotros puede decir: “me amó y se entregó a la muerte por mi”. En la cruz contemplamos el amor solidario de Jesús que carga con nuestros sufrimientos y dolores, que se une a los crucificados de todos los tiempos para dar fortaleza, sentido y esperanza a toda persona que sufre.
La meditación de la pasión del Señor nos toca el alma y el corazón, porque no hace comprender el amor que Jesucristo nos tiene y nos mueve a amar a los demás como Él nos ha amado, nos mueve a ser solidarios y compañeros de los que sufren. Los cristianos en Honduras estamos llamados a acompañar, consolar, ayudar a Cristo en los que sufren por la enfermedad, la violencia, la injusticia. La Semana Santa es tiempo de amor intenso, saberse amado y moverse a amar, con obras y de verdad.
En la celebración del Jueves Santo repetimos el gesto de Jesús de lavar los pies de sus discípulos y escuchamos sus palabras: “Este es mi mandamiento, que se amen unos a otros como yo los he amado. Ejemplo les he dado, también deben lavarse los pies unos a otros”, es decir, también deben servirse, ayudarse unos a otros y el que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos, especialmente de los más pobres, de los que menos cuentan, de los que son excluidos.
Y la Semana Santa es tiempo de esperanza, de gozosa y renovadora esperanza. La esperanza cristiana no es ciega, no cierra los ojos para no ver el dolor de los hombres, no da la espalda a la cruz. Los creyentes miramos la cruz pero la vemos ya iluminada por la luz del resucitado. A los cristianos de hoy nos duele el golpe de la piedra que cerró la tumba de Jesús y nos duele la muerte de los seres queridos pero nos anima y fortalece la certeza de la resurrección del Señor y la esperanza de nuestra resurrección.
La situación de dolor, violencia, sufrimiento, injusticia, pobreza, corrupción de las conciencias… en Honduras es tan honda y prolongada que sentimos fuertemente la tentación de fracaso sin remedio, de frustración de desaliento.
¡Ojalá vivamos la Semana Santa con tal intensidad que nos sintamos renovados en la esperanza!, que volvamos a la vida normal con nuevas ganas de cumplir bien nuestra tarea, de hacer el bien a los demás, de no claudicar ante la propuesta sucia y corrompida, de trabajar por unas relaciones justas y pacificas. Honduras necesita renovar la esperanza realista y creativa, perseverante y transformadora.
A todos los que de alguna forma les lleguen mis palabras, les deseo una Semana Santa renovada y renovadora por la fe, el amor y la esperanza en Jesucristo, el testigo fiel y el primero en resucitar de entre los muertos.
+ Ángel Garachana Pérez, CMF
Obispo de San Pedro Sula

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Esta entrada fue publicada el 6 abril 2015 por en Diócesis, San Pedro Sula.
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