Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Monseñor Romero supo encarnar el dolor del pueblo: Embajador Pozo

Carlos Pozo, embajador de El Salvador en Honduras.

Carlos Pozo, embajador de El Salvador en Honduras.

No era fácil ese momento y se necesitaba un líder como él para que pudiera hacer esas denuncias, una de las virtudes fue la fortaleza para hacer esas denuncias, otra fue la transparencia con que él actuó en ese ambiente.Suyapa Banegas
sbanegas@unicah.edu
Fotos: Janeth Lagos
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“Él fue la voz de los sin voz”, con esta expresión califica el señor Carlos Pozo, Embajador de El Salvador en Honduras,  a Monseñor Óscar Arnulfo Romero.  El diplomático habló con Fides sobre  lo que significa la beatificación de este mártir  para el pueblo salvadoreño quienes desde ya se preparan para vivir plenamente tan grato acontecimiento el próximo 23 de mayo.

¿Qué significa para el pueblo salvadoreño esta beatificación?
Nosotros como pueblo nos sentimos muy contentos por la noticia que ha dado el Papa Francisco. Monseñor Romero tiene un alto significado en toda la sociedad salvadoreña tanto católica como de otras religiones, porque además de ser un líder religioso fue una persona que en su momento estuvo muy cerca de las personas que más necesitaban y de las personas más desprotegidas.  Por eso es que en su momento se le llamó la voz de los sin voces,  porque era una persona que se dedicó a denunciar actos de barbarie; actos de violación de los Derechos Humanos,  desaparición de personas. Mucha gente encontraba ese consuelo en Monseñor Romero, y eso fue prácticamente lo que le llevó a que fuera asesinado. Eran momentos muy difíciles para la sociedad salvadoreña, en la década de los 70’ 80’ había una represión muy fuerte.

¿Qué cualidades recata de Monseñor Romero?
Las cualidades son muchísimas,  pero una de las cosas que era lo que quizá se necesitaba en ese momento era ese valor y esa fortaleza para mantenerse y denunciar. No era fácil ese momento y se necesitaba un líder como él para que pudiera hacer esas denuncias, una de las virtudes fue la fortaleza para hacer esas denuncias, otra fue la transparencia con que él actuó en ese ambiente. Lo más seguro es que hubo muchas propuestas, muchas cosas que a él le pudieron haber ofrecido para que no denunciara y  seguro que él rechazó todas esas propuestas y continuó denunciando. Él era una persona cercana a los más necesitados.

¿Sentía el pueblo salvadoreño apoyo a través de este sacerdote?
Claro que sí, porque en las misas y las celebraciones que hacia dentro de la Iglesia se convertían en una vivencia.  Eran misas lógicamente apegadas a lo que la Iglesia Católica ordena dentro de su normativa,  pero que también se dedicaba a ejemplarizar. Tomaba ejemplos y hacía comentarios traídos de la realidad de la sociedad misma y eso es lo que hacía interesante las misas de Monseñor Romero y las visitas que realizaba a las comunidades.

¿Cuál era el entorno que se vivía en su país en época de Monseñor Romero?
Era una situación de mucha violencia, de mucha represión, habían profundas causas que generaban la inestabilidad social y la inestabilidad de muchas cosas dentro de la sociedad salvadoreña: el descontento de la sociedad que se sentía como ahogada porque sus necesidades, sus demandas no eran satisfechas, algunas de estas demandas o necesidades eran por ejemplo la tenencia de la tierra, que es un problema que generó incluso la guerra civil en nuestro país.
Había mayor exclusión social, falta de educación, falta de salud, falta de vivienda, empleo y sobre todo también la desigualdad en el trato hacia los ciudadanos entonces había una convulsión.
En los años 77 Monseñor entra como Obispo y empieza a denunciar porque era una situación insostenible, habían personas desaparecidas, personas detenidas era un ambiente muy violento,  de mucho cuidado. Producto de las denuncias, de los reclamos que hacia Monseñor Romero,  tanto en sus homilías como en los Medios de Comunicación,  fue que en 1980 el 24 de marzo fue asesinado.
La beatificación es un acontecimiento de mucha alegría para toda Centroamérica, es una bendición para El Salvador y todos los demás países   hermanos.
Siempre hay que tener en alto nuestra fe, el ejemplo que nos dio Monseñor Romero, debemos de imitarlo  en todos sus principios y su sabiduría y principalmente a aquellos que tenemos un puesto donde se tomas decisiones donde se necesita mucha sabiduría para conducir las instituciones, imitar principios de Monseñor Romero como: la transparencia, la honestidad, la solidaridad.

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Esta entrada fue publicada el 13 marzo 2015 por en Uncategorized.
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