Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Seminario Mayor “Nuestra Señora de Suyapa”

Futuros-Pastores
Cuna de los futuros pastores de Honduras
“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas” (Jn. 10, 11)
Texto: Osman A. Martínez Carvajal
III año de Filosofía.
Diócesis de San Pedro Sula.
En este IV domingo de Pascuas la Iglesia hace un llamado a todos sus hijos e hijas a la jornada mundial de oraciones por las vocaciones. De tal forma que cada cristiano católico se sienta comprometido a orar por la fortaleza, santidad y perseverancia de nuestros sacerdotes y también de aquellos que se sientes llamados a seguir este estilo de vida según el llamado de nuestros Señor Jesucristo. Es necesario recordar y retomara las palabras del evangelista San Lucas “las cosecha es abundante, pero los obreros pocos. Rueguen, por tanto, al dueño que envíe obreros  a su cosecha” (Lc. 10, 2)
A Dios gracia Honduras cuenta con un semillero vacacional, es el seminario mayor “Nuestra Señora de Suyapa” cuna y corazón de la Iglesia hondureña, en donde se forman los futuros sacerdotes de Honduras. Ubicado en el departamento de Francisco Morazán, a orillas del anillo periférico, a mediaciones del embalse los Laureles. Una institución fundad por la conferencia Episcopal de Honduras, por disposición de Mons. Héctor Enrique Santos presidente de la CEH quien en 1961 dispone la fundación del seminario mayor “Nuestra Señora de Suyapa” con fines estrictamente pastorales, lo que la reviste de ser una comunidad educativa en camino que ofrece a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico de vivir  una experiencia formativa integral, a nivel espiritual, comunitario, intelectual y pastoral.
A lo largo de 50 años el seminario ha formado alrededor de 300 sacerdotes al servicio de la Iglesia hondureña.  Actualmente esta casa cuenta con 119 jóvenes entre filosofía y teología y 48 candidatos de primer ingreso, conocido como año introductorio o propedéutico.  Ciertamente son 167 hombres dispuestos a dejarse transformar por la gracia del llamado de Dios, no obstante son una cantidad mínima para toda la feligresía católica de la Iglesia de Honduras. Teniendo en cuenta  que el seminario mayor es una institución interdiocesana la cual atiende a los jóvenes de las 8 diócesis de nuestro país, a excepción de Comayagua, por lo que se puede afirmar que es insuficiente tanto el número de seminaristas, como la mínima cantidad de sacerdotes hondureños. Además se estima que el número de habitantes por sacerdotes está en torno a los 26,000 feligreses, unos de los índices más altos de América Latina, sin embargo hay diócesis de Honduras que sobrepasa el nivel poblacional que corresponde a cada sacerdote. Lo que en ocasiones le impide a un presbítero atender como es debido a su feligresía.
Sin duda alguna el ministerio sacerdotal es un servicio de amor en favor del rebaño que pertenece al buen pastor por excelencia, único y eterno Sacerdote, Jesucristo. En función de ello es como se lleva a cabo la formación del candidato, de tal forma que al culminar los 8 años de formación humana-integral, el joven tenga presente que es un servidor del pueblo de Dios y no un simple administrador o funcionario eclesial como lo ha manifestado en reiteradas ocasiones el papa Francisco. El presbítero le pertenece al pueblo, es formado para estar en medio de su feligresía y así sentir con ella el dolor que abate a una sociedad golpeada por la violencia social, en palabras del santo Juan Pablo II el presbítero es “el hombre de la Esperanza”. He allí el reto tanto de los obispos de la CEH, como de los padres formadores de la Congregación de Jesús y María, quienes desde 1997 la CEH le confirió  la formación de los futuros pastores de Honduras y en manos de dicha congregación permanece hasta el presente. De igual forma es un reto para la feligresía, la cual está comprometida a seguir orando por la fructificación de jóvenes dispuesto a darle un si generoso a la llamada de Dios.
En definitiva la Iglesia esta sedienta de hombres valientes, prontos a darlo todo por el todo por amor al Reino de los cielos, una llamada, una respuesta, una misión. Más que un camino, un proyecto, más que una historia una aventura, la cual no vale la pena, vale la vida.

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Esta entrada fue publicada el 9 mayo 2014 por en Ecos del Seminario.
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