Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

La alegría del dolor

Ecos-Seminario
Exahú Flores Pastrana IV año de Teología  Diócesis de Yoro

La alegría y el dolor pareciera una afirmación que se contradice, puesto que ¿Quién sonríe cuando llora, cuándo la muerte está en casa, cuándo te traicionan, cuándo tienes una enfermedad grave? Ciertamente es lo “más humano” llorar y quejarse. Tal vez podría el optimista gritarse, “no llores, sigue adelante, esto lo vas a superar, esto es pasajero”, pero el dolor encarnado no le da lugar a expresiones y frases futuristas que alivien el dolor.Es cierto que el dolor es malo, hiere, pero la tristeza y la angustia más grande es no tener donde agarrarse. En lenguaje cristiano no podemos ver el dolor en los lentes del optimista sino bajo la perspectiva del “sentido del dolor”. El mismo Jesús tuvo que vivir la experiencia del dolor y la angustia de la muerte nos va a decir el evangelio de San Lucas “Entro en agonía y oraba con mayor insistencia” (Lc 22,44) Y Marcos pone en boca de Jesús lo siguiente: “Mi alma está triste hasta el punto de morir.”(Mc 14,34).
El dolor no hay quien lo explique, ni quien lo entienda, pero si le damos la espalda y salimos corriendo, si no lo afrontamos, el dolor nos asfixia, nos aniquila por pequeño que sea. De ahí que todos los dolores deben ser iluminados por Jesús, él es ejemplo por excelencia, que con su obediencia y humildad nos enseña a llenar el dolor de amor, a luchar contra el dolor por amor, a vencer al dolor como fruto del amor. Jesús comprende al caído, precisamente porque él pasó por sus mismas pruebas, promete sacarle del dolor precisamente por que él pasó también por el.
Estamos en un tiempo muy especial “tiempo de cuaresma” un tiempo en el que la palabra de Dios nos invita a preguntarnos desde cualquier realidad que estemos viviendo (ya sea en la cárcel, inválidos, vivamos en medio de mucha violencia, mucha pobreza, etc.) hasta dónde llega nuestra fe y nuestra esperanza en el Dios de la vida. Enfrentemos si es posible a Dios como el sufriente Job, ante tanto dolor preguntémosle ¿Dónde está la alegría del dolor en un mundo que no ofrece nada nuevo?, Pero no perdamos la esperanza, sigamos aferrados a Dios, esperemos siempre en el Señor y El nos responderá. En el N.T. el evangelista San Juan nos va a ofrecer un texto muy bonito: “Lloraran y se lamentaran, mientras que el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.” habrán malos tragos, pero esa tristeza se convertirá en gozo. Y al mismo tiempo pone un bello ejemplo de un dolor que desemboca en alegría: “la mujer, cuando va a dar a luz, se angustia porque le ha llegado la hora del dolor. Pero después que ha nacido la creatura se olvida de las angustias porque su alegría es tan grande… También ustedes ahora sienten tristeza pero Yo los volveré a ver y su corazón se llenara de alegría, y nadie les podrá arrebatar ese gozo” (Jn 16,20-22).
No hay mayor alegría que el nacimiento de un niño, pues aunque está precedida del agobio, del peligro, del dolor da paso a la realidad más grande que puede existir, que es una vida nueva. Esta es la alegría del cristiano, en que el dolor no tiene la última palabra, pues Jesús lo ha vencido y por ello no nos debemos de inquietar más bien hay que estar siempre alegres (Fil 4,4), porque el Dios que se nos ha manifestado en Cristo Jesús a transformado el dolor en alegría, la angustia de la muerte en vida. De ahí que el único camino para vencer el dolor por muy duro que sea es Cristo.
Llenémonos de paz y de valor, pues como Jesús no está solo (Jn16, 32), tampoco nosotros lo estamos “No los dejare huérfanos, sino que volveré a ustedes” (Jn14, 18). Aunque pasemos por muchas tribulaciones si no perdemos la esperanza de la vida nueva que nos ofrece el resucitado nadie nos podrá arrebatar la alegría que él nos ha regalado por medio de su pasión, muerte y resurrección que es el resumen de todos sus dolores.
Si eres cristiano sabrás que el camino de Cristo no termino en la cruz, sino que fue más allá, a la resurrección. En este camino cuaresmal nos puede ocurrir una cuaresma eterna donde hacemos del viernes santo toda nuestra vida. Sin embargo, podemos dar el paso a la resurrección dejándonos amar por Dios incluso cuando sufrimos puesto que comprenderemos que es solo una etapa más y “necesaria” para la siguiente que es la alegría.

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Esta entrada fue publicada el 4 abril 2014 por en Ecos del Seminario.
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