Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

“El desierto florecerá” Is. 36,1-2

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Todo cambiará radicalmente, hasta el desierto va a florecer. Hay que recordar que Palestina es una tierra rodeada de desiertos, así que el profeta sabía bien de lo que estaba hablando y que eso sería prácticamente imposible.
Pero no solo los desiertos van a florecer. El que viene nos quitará el temor y el miedo, nos quitará la ceguera y la sordez que nos impide ver y escuchar el clamor de los hermanos y hermanas. El Señor nos dará ojos y oídos nuevos para ser solidarios con los que más sufren. Otro mundo, el mundo de la solidaridad se va gestando con la venida del Salvador.
A la luz de la fe, la solidaridad se convierte en imagen viva de Dios que se acerca, “Jesús les respondió: id a anunciar a Juan lo que estás viendo y oyendo: los ciegos ven,  y los cojos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!”

Pero, ¿Qué es la solidaridad?
Podemos definir a la solidaridad como el acto mediante el cual una persona realiza acciones en beneficio de otro sin recibir nada a cambio. La solidaridad es, realmente, la base de la sociedad humana si se tiene en cuenta que cuidándonos unos a otros es que podemos sobrevivir. Sin embargo, en los días actuales la solidaridad suele pasar desapercibida o no ocupar tanto espacio en nuestras vidas debido a todas las ocupaciones y temas a resolver que solemos tener.
Es un acto desinteresado que significa un beneficio para un tercero y que en el fondo supone un nivel de satisfacción para aquel que lo lleva a cabo.
Si bien normalmente la idea de solidaridad se relaciona con la idea de grupos sociales humildes o menos privilegiados, toda persona que actúa solidariamente tiene que tener un nivel de conciencia, también hay maneras (como por ejemplo alguien que organiza un comedor para niños, o en alguna colecta social) es un medio para dar solución o ayuda a quienes más lo necesitan y sentirse parte de un todo que es la sociedad. (http://www.importancia.org/solidaridad.php)
Según el Magisterio de la Iglesia: “El particular mandato del Señor de <<evangelizar a los pobres>> debe llevarnos a una distribución de los esfuerzos y del personal apostólico que dé preferencia efectiva a los sectores más pobres y necesitados y a los segregados por cualquier causa, alentando y acelerando las iniciativas y estudios que con ese fin ya se hacen.  (Medellín, Conclusiones 14,9)

A este respecto hasta nuestros obispos dicen:
“Deseamos que nuestra habitación y estilo de vida sean modestos; nuestro vestir, sencillo; nuestras obras e instituciones, funcionales, sin aparato ni ostentación.
Pedimos a sacerdotes y fieles que nos den un tratamiento que convenga a nuestra misión de padres y pastores, pues deseamos renunciar a títulos honoríficos propios de otra época.” (Medellín, Conclusiones 14,12). Visión y mística de vida confirmada por nuestro actual Papa Francisco.
“A la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a sí misma, al revestirse de las dimensiones específicamente cristianas de gratuidad total, perdón reconciliación. Entonces el prójimo no es solamente un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo. Por tanto, debe ser amado, aunque sea enemigo, con el mismo amor con que le ama el Señor, y por él se debe estar dispuesto al sacrificio, incluso extremo: <<dar la vida por los hermanos>> (cf. 1 Jn 3, 16). Solo así se podrá decir lo mismo que Jesús le dice hoy en las lectura a los discípulos de Juan: “Vayan y díganle a Juan lo que han visto y oído” Mt. 11, 4
Por eso la solidaridad debe cooperar en la realización de este designio divino, tanto a nivel individual, como a nivel nacional e internacional. Los <<mecanismos perversos>> y las <<estructuras de pecado>>, de que hemos hablado solo podrán ser vencidos mediante el ejercicio de la solidaridad humana y cristiana, a la que la Iglesia invita y que promueve incansablemente. Sólo así tantas energías positivas podrán ser dedicadas plenamente en favor del desarrollo y de la paz”. (Encíclica Sollicitudo Rei Socialis del Santo Padre Juan Pablo II, 40)
En este tiempo de Adviento a la espera de la llegada del nacimiento del Rey del Universo y dueño de la vida nos exhorta a ser despojados materialmente y también despojarse de los afanes de este sistema de vida que llevamos en nuestro país por la situación socio-política y económica donde el pecado social tiene abatida la conciencia de solidaridad con nuestros hermanos los más pobres y humildes del Señor,  víctimas de la injusticia social provocada por el mal de la corrupción e inconsciencia que provoca miseria, dolor, atraso, ineficacia en los tres elementos vitales de un país como lo es la Salud, la Educación y la Vivienda, agasajemos al Niño Jesús solidarizándonos con los desposeídos auxiliándonos con las tres virtudes de Fe, Esperanza y Caridad.
Hoy sabemos que el adviento es recuerdo de una  espera que fue, pero que para nosotros y nosotras… es presente. Celebremos entonces el aniversario de la llegada de Jesús.
No estamos esperando a que venga, porque ya ha venido. Abramos los ojos y miremos a nuestros vecinos, amigos y familiares; veremos un hijo, una hija de Dios. ¿Qué otra cosa es Reino?.

Un comentario el ““El desierto florecerá” Is. 36,1-2

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Esta entrada fue publicada el 16 diciembre 2013 por en Actualidad.
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