Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Interpelaciones

Interpelaciones

Dicen que un columnista serio, cosa que medianamente pretendo ser, debe siempre reaccionar y escribir cosas actuales; es decir, responder a los modernos “signos de los tiempos”.
Si a eso le sumamos que, este responder a la  actualidad, debo hacerlo desde la perspectiva de la fe y a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, me resulta mucho más importante antes de hablar de las interpelaciones contemporáneas. Más allá del espectáculo al que nos ha sometido el Congreso Nacional, llamando a rendir cuentas a algunos funcionarios.
La presencia de estos señores en el hemiciclo legislativo, en primer lugar, es algo que no riñe ni con lo legal ni con lo necesario.
Lo que sí, debo decirlo en justicia, me parece que riñe a todas luces, es el carácter ético, de dichas interpelaciones.
Para interpelar, hay siempre que tener claro que el interpelador, debe tener altura moral para hacerlo.
Por otra parte, porque hay que intentar ser objetivo, al hablar de un conjunto tan amplio de miembros, es siempre una injusticia, generalizar.
Con todo, un congreso como el nuestro, tantas veces cuestionado por su reglamento interno, por ese control que ejerce la presidencia (no sólo ésta, sino las de siempre) y por eso manejo de los temas con una transparencia bastante discutible.
Además del hecho de que en el pasado reciente, cosa que tampoco es nueva, se han dedicado a jugar con la destitución de funcionarios porque no se amoldan a los intereses políticos de las dirigencias de los partidos o corrientes; es algo que nos lleva a todos a preguntarnos, hasta donde será legítimo que se den estas interpelaciones. Por otra parte, se interpela para ayudar y solucionar los problemas que podrían presentarse a los interpelados.
¿Cuántos removidos habrá producto de estos “encuentros”?
Vivimos en una sociedad sitiada. Sitiada de manera involutiva. Porque las cortapisas y las zancadillas nos las estamos poniendo nosotros mismos. Pareciera que aquí el interés real, es perpetuar una inestabilidad y unas componendas que riñen, con la interpelación mayor: la voz de nuestra conciencia.
A veces me pregunto, si es que no nos damos cuenta que, no somos eternos. Nuestras acciones, repercuten en la vida eterna. Asegurarnos tal o cual negocio, o “generosamente” compartirlo con la consorte o los hijos, o con el círculo más amplio de los correligionarios; siempre deberá pesar sobre nuestra historia personal, debería pesar sobre nuestras decisiones actuales y sobre nuestras palabras. No basta con que se vean bien en televisión. Es necesario verse mejor en el espejo de la conciencia.
Es doloroso darnos cuenta que toda nuestra dirigencia política está tan cuestionada, que en Honduras (y en muchas partes), político es sinónimo de promesas falsas.
No es el momento para que nos dejemos vencer por el eterno pesimismo que siempre nos circunda. Quisiera creer que las interpelaciones, estás o cualquier otra, hagan asumir a nuestra clase dirigente, un sentido de responsabilidad mayor que el que hasta ahora han mostrado.
Debemos entender todos que dirigir no nace de una escuela en la que se obtienen maestrías de cómo pararse, o mejor, sentarse cómodamente, con los brazos cruzados. Se necesita en Honduras de personas valientes, que se dejen de tanto güiri, güiri; y que dejen de estar pensando en las elecciones de noviembre, que empiecen a pensar que lo único que tienen en sus manos, es el presente, y señores políticos: ustedes no han dicho “presente”, en las necesidades concretas de Honduras.

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Esta entrada fue publicada el 12 abril 2013 por en Punto de Vista, Reflexión.
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