Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

La necesidad de cambiar

La necesidad de cambiar
P. JUAN ÁNGEL LÓPEZ PADILLA
Es innegablemente constatable,  en nuestros ambientes y nuestra experiencia personal, como siempre, que es más fácil destruir que construir.
Es mucho más fácil, sin duda, destruir un muro que levantarlo; es mucho más fácil hablar mal de una persona, que ayudarle, que echarle una mano en una necesidad.
Es mucho más fácil, mentir que callarnos, cuando no sabemos toda la verdad; es mucho más fácil hacer daño, que amar.
Es mucho más fácil dejarnos arrastrar por un odio, que aprender a perdonar.
Al final, nos damos cuenta, que todo esto es contradictorio, debería de ser al revés: debería de ser más fácil amar, debería ser más fácil decir la verdad, debería de ser más fácil construir, edificar.
Si el señor Jesús, nos decía en el Evangelio, que ancho  es el sendero que conduce a la perdición, y angosto el camino que conduce, a la verdadera vida; ello tiene, una validez exquisita, cuando se trata de las relaciones interpersonales o de nuestros juicios en torno a las actitudes o acciones de otros.
Efectivamente, son amplias las rutas que a veces recorremos para hacer el mal, para dañar la reputación y  la vida de las personas. Anchas son las avenidas que conducen, en una sociedad como la nuestra, a sostener una mentira, o una media verdad, como si fuese una absoluta e indudable certeza.
No es fácil vivir en un ambiente en el cual constantemente vivimos bajo la sospecha, bajo la duda, bajo el contubernio de aquellos que pretenden por fórmula dedicarse a hacer el mal, cargados de odios, de una insensible y soberana actitud, cuajada de rencores y enredada en una soberbia perenne; y arropada bajo el manto de una auto alabanza que obnubila.
Cuando los criterios que mueven los hilos de nuestro actuar, no están sólidamente anclados en la verdad, sino que nos dejamos guiar por la auto complacencia del timbre de nuestra voz, o por el aplauso de quienes creen que “todo es lícito”; debemos, por simple honestidad y por ética, saber detenernos.
La autocrítica, la auto evaluación,  el análisis ponderado de nuestro pasado y de nuestro futuro, es necesario para todos, en general; pero lo es más aún, para aquellos que están investidos de alguna responsabilidad particular o tienen bajo su égida, el destino de personas o comunidades.
Es preciso, más aún, es imprescindible que todos tengamos la capacidad de no dejarnos llevar, de no dejarnos arrastrar, por criterios equivocados. De no dejarnos llevar por aquello que decía Voltaire cuando afirmaba que “miente, miente y calumnia, que al final, algo queda”
A fuerza de repetir una mentira, nunca se cambiará en una verdad; aún y cuando intentemos constantemente hacerlo.
En el inicio del Evangelio de Marcos, el más antiguo de los evangelios, se nos recordaba que la predicación de Cristo comenzó con aquello de : “conviértete y cree en el Evangelio”; no cabe duda que la conversión, el cambio de vida no se hace de la nada o por nada, sino en vistas a algo;  para creer en algo superior a nosotros, a nuestras propias fuerzas.
En el Año de la Fe, conviene recordarnos a nosotros mismos que, tener fe no nos exime de luchar; menos aún, de cambiar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 17 enero 2013 por en Punto de Vista, Reflexión.
A %d blogueros les gusta esto: