Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Año 2013

2013

P. JUAN ÁNGEL LÓPEZ PADILLA
Acostumbrado, como estoy, ha encontrarme con fechas y acontecimientos, en cada uno de los materiales que debo investigar; en ocasiones, lo admito con mucho dolor, memorizo datos, comparo situaciones y termino llegando a volverme un tanto discípulo del Qohelet.
Desde la perspectiva de la fe, desde la noción de Dios, es imposible ver las cosas de manera cíclica. Creernos que lo que pasó, eso es lo que va a volver a pasar, es de hecho una aberración contra el sentido de la historia. Más aún, es una ofensa al proyecto humanizador que debe descubrirse tras las telarañas enredadas de lo que nos ocurre. Sin embargo, sigo admitiéndolo, a veces no resulta fácil este superar la tentación de pensar que mucho de lo que nos puede ocurrir, realmente, ya pasó antes.
Con todo, incluso las religiones que sí creen en lo cíclico de la historia humana, individual y colectivamente, como el hinduismo, siempre aspiran a un Nirvana. Es decir, en una de sus tantas posibles aplicaciones, a un estado en el cual se logre romper con el ciclo repetitivo de una trasmigración del alma, hasta llegar a fundirse con la divinidad. Claro, en un mundo en el que son millones de dioses, la cosa es más que necesaria.
Sólo que este estado de quietud, de pasividad al que aspiran los hindúes, es una acción desencarnada, sin compromisos; al contrario, es liberación de los mismos, en cuanto que las pasiones, desvían del estado al que se quiere llegar.
En el mundo occidental, desde que Epicuro, producto de la crisis social que provocó la aparición del Imperio Macedonio de Alejandro Magno, quiso encontrar en el placer, la fuente de la verdadera felicidad. Los epicúreos, decidieron, que para no sufrir, lo mejor era no comprometerse. Lo que pasaba o iba a pasar, estaba fuera de nuestro control, y por lo tanto, no valía la pena “quebrarse la cabeza” y había que dejar las cosas, o tal como estaban, o tal como se iban a dar.
Y, sin pretender hacer un recorrido necesariamente histórico, con la llegada de la Ilustración, la humanidad arribó a la negación de la historia de manera sistemática., hasta desembocar en la era post-moderna. Nada es legítimamente absoluto. Nada puede ser ni impuesto, ni propuesto, como un camino de Verdad. La verdad no existe, existen las verdades y estas acomodadas según la conveniencia, según las circunstancias.
El panorama que senos abre, con el nuevo año que recién hemos estrenado, no deja de estar sujeto a las tentaciones de la visión empobrecedora de una historia en la que pareciese que no estamos involucrados. En nuestra sociedad, tendemos a tener la tentación de que son “otros” los que mueven los hilos, nosotros, solo debemos acomodarnos al vaivén de los planes de otros. Los más atrevidos, llegan incluso a querer identificar, quienes son estos modernos “titiriteros” que nos llevan, o a donde nos llevan.
Sin embargo, la pasividad acomodaticia en la que nos estamos situando la inmensa mayoría, cuando la misma inmensa mayoría se denomina a sí misma, cristiana; es una contradicción en sí misma.
El cristiano ni es budista, ni epicúreo, mucho menos post-moderno. Su actitud frente a lo que acontece, ni es cobarde ni malcriada. Sencillamente, su compromiso, nace de un Dios comprometido, porque se hizo uno como nosotros, para mostrarnos, cual es el verdadero sentido de la historia,
No se nos olvide que, este es el año 2013, después de Cristo, y no adelante ni por delante de Él.

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Esta entrada fue publicada el 4 enero 2013 por en Punto de Vista, Reflexión.
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