Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Paz para Honduras

Paz para Honduras

P. JUAN ÁNGEL LÓPEZ PADILLA
A escasas horas de la celebración del día de la Navidad, conviene hacer un alto para revisar, con la mayor objetividad posible, cuáles son las prioridades que debe tener nuestro actuar, para con nosotros mismos, nuestras familias y nuestra patria.
El misterio de la Encarnación del Verbo de Dios, nos hace comprender que Dios mismo ha querido compartir nuestra historia, la ha transformado desde dentro. La noche de paz, que es la Navidad, es una noche que nos educa para trabajar por la paz.
Nos recordaban los señores obispos, en la Carta Pastoral de octubre pasado, “Reflexiones con motivo del Actual Proceso Electoral”, que “En un país ensangrentado y polarizado como el nuestro, es urgente educarnos para la paz, y, en consecuencia, no permitir que la violencia penetre en las familias, en los centros educativos y en todas las relaciones sociales. Restaurar la sociedad será posible: serenando los sentimientos, abordando los conflictos desde el respeto y la tolerancia hacia quienes piensan distinto, promoviendo el diálogo franco y constructivo.”
Creo que estas palabras, dichas en ambiente navideño, tienen un sentido muy peculiar, dado que podríamos caer en la simpleza de pensar que estos días son sencillamente, la repetición “amelcochada” de una serie de sentimientos que nos cegarían frente a la realidad que debemos enfrentar.
Cada vez que leemos los relatos del nacimiento de Jesús, nos encontramos siempre con que los autores hacen énfasis en el espacio temporal en que se desarrolló el acontecimiento. La Encarnación del Hijo de Dios, no se produjo en una etérea y desinteresada historia. Su presencia desestabiliza a los poderes de la época. Su sola presencia, estorba.
Una Iglesia, como la hondureña, debe entender que su presencia, cuando nace de ese reclamo de pedirle a los que nos dirigen que serenen sus sentimientos, que respeten a los que piensan distinto y que busquen un diálogo franco y constructivo; está volviéndose un estorbo.
Duele mucho, sinceramente, darnos cuenta que haya tantas personas tan capaces, tan inteligentes, que dedican su vida, a montar proyectos para enriquecerse y controlarlo todo. Más aún, duele darse cuenta que haya tantos otros que celebrarán la navidad, recordarán el nacimiento del Señor, pero no incidirá en sus vidas.
Pareciera como si, en estos días, hacemos un alto, pero que no repercute, que no se siente en las responsabilidades personales y comunitarias.Lo resquebrajado de nuestra sociedad, no se repara con llantos y quejas, sino con proyectos y respeto de las ideas ajenas.
Debemos pedir a Dios que nos ayude a cambiar de mentalidad, a que nos atrevamos a ser diferentes, a que aprendamos de los errores que se han cometido en el pasado.
La Navidad es tiempo de paz, no de indiferencia. Es tiempo para silenciar los ruidos de nuestro egoísmo y aprender a contemplar.
La Navidad es el encuentro entre el proyecto de Dios y la colaboración del ser humano. Navidad es tiempo de esperanza, no tiempo para desesperar en nuestras frustraciones e incoherencias.
Honduras necesita de todos sus hijos. Si la Navidad es tiempo de familia, nada como que la familia hondureña, sea capaz de sentarse junta y discutir sus problemas, sin miedos ni presiones, sin luchas sin sentido y sin acomodos. Ese sería nuestro mejor regalo de navidad.

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Esta entrada fue publicada el 24 diciembre 2012 por en Punto de Vista, Reflexión.
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