Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

“La metamorfosis”

Convertido en un monstruoso insecto

Por: Diana Espinal Meza. (*)
Estimado lector: Hoy traigo a sus manos, otra joya de la literatura universal. En esta oportunidad se trata de “La metamorfosis” novela escrita por Frankz  Kafka nacido en Praga en 1883 y muerto en Australia en 1924.  Aquí se narra la historia de Gregorio Samsa, un comerciante de telas que vive con su familia a la que él mantiene con su sueldo, y una mañana, amanece convertido en una criatura no identificada claramente en ningún momento, pero que tiende a ser reconocida como una especie de cucaracha gigante. La primera vez que apareció esta novela en público fue en octubre de 1915 en la revista Die weissen Blätter, dirigida por René Schickele, en la editorial Kurt Wolff de Leipzig.
Esta novela tiene la facultad de confrontar al lector. De un solo golpe y de entrada, se ven de frente a muchas interrogantes: ¿qué ha sucedido?, ¿qué significa esta historia?, ¿es una historia autobiográfica?, ¿trata de incomprensión o es simplemente es una crítica social? etc. Aquí, se maneja el conflicto entre generaciones, la rebelión edípica de los hijos ante la autoridad paterna. Es éste, un tema muy presente en la obra de Franz Kafka, pues de todos es conocida la extraña relación que mantenía el escritor checo con su padre, Hermann Kafka. En “Carta al padre”, escrita en 1919, Kafka pone por escrito todas sus desavenencias con la figura de su padre. Un texto muy clarificador y relevante en relación al papel representado por la figura del padre en la obra del escritor. En esta carta Kafka se autodenomina, por boca de su propio padre, como un gusano o un parásito que clava el aguijón y vive de la sangre del padre. Un antecedente más del símbolo del insecto, del escarabajo.La novela inicia así: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.  «¿Qué me ha ocurrido?», pensó. No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas. Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados -Samsa era viajante de comercio-, estaba colgado aquel cuadro que hacía poco había recortado de una revista y había colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, que estaba allí, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual había desaparecido su antebrazo. La mirada de Gregorio se dirigió después hacia la ventana, y el tiempo lluvioso -se oían caer gotas de lluvia sobre la chapa del alféizar de la ventana- lo ponía muy melancólico. «¿Qué pasaría -pensó- si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?» Pero esto era algo absolutamente imposible, porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho, pero en su estado actual no podía ponerse de ese lado. Aunque se lanzase con mucha fuerza hacia el lado derecho, una y otra vez se volvía a balancear sobre la espalda. Lo intentó cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y sólo cejaba en su empeño cuando comenzaba a notar en el costado un dolor leve y sordo que antes nunca había sentido.
«¡Dios mío! -pensó-. ¡Qué profesión tan dura he elegido! Un día sí y otro también de viaje. Los esfuerzos profesionales son mucho mayores que en el mismo almacén de la ciudad, y además se me ha endosado este ajetreo de viajar, el estar al tanto de los empalmes de tren, la comida mala y a deshora, una relación humana constantemente cambiante, nunca duradera, que jamás llega a ser cordial. ¡Que se vaya todo al diablo!»
Finalmente,  se cataloga a esta obra literaria como la novela del egoísmo humano ante el bienestar de los demás. Esto lo podemos identificar en la obra en la situación en la que se encontraba Gregorio, ya que sobre él recaía todo el peso de mantener económicamente a su familia. Sin embargo cuando la situación cambia y ahora es la familia la que tiene que hacerse cargo de Gregorio, ésta rehúye responsabilidades y lo dejan morir.
Así que corra, busque  esta novela en su librería favorita, léala y comente con sus amistades.

(*) Lic. en Literatura.
Representante Internacional de la casa del poeta peruano en Honduras.
Representante Internacional de la ANDEH (Asociación nacional de Escritoras de Honduras) en México.

Información

Esta entrada fue publicada el 1 agosto 2010 por en Literatura.
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