Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Carlos Monsiváis Aceves

Carlos Monsiváis Aceves

Por: Diana Espinal Meza. (*)

Estimada lectora y lector: El luto literario continúa, el 19 de junio del presente año (un día después de la muerte de José Saramago) muere en el Distrito Federal otro escritor, considerado como uno de los más importantes del México contemporáneo. Esta vez se trata de Carlos Monsiváis Aceves, quién nació el 4 de mayo de 2010. Admirado por su capacidad crítica, su estatura intelectual y su peculiar estilística. Monsiváis, destacó por la capacidad de “omnipresencia” que alcanzó, al hacerse ver, escuchar y sentir, en múltiples foros (revistas, mesas redondas, programas de radio y televisión, periódicos, coloquios, museos, películas, antologías, prólogos, etc.) El escritor Adolfo Castañón, en su ensayo “Un hombre llamado ciudad”, lo considera “el último escritor público en México”, en el sentido en que “no sólo cualquier mexicano lo ha escuchado o leído, sino que todos pueden reconocerlo en la calle”. El columnista Alejandro Navarrete del periódico La Vanguardia lo define así: “Era más bien (aún a sus 72 años, cuando falleció) un joven curioso, sumamente divertido y rebelde. No era un tipo de esos que se la pasara hablando aburridamente sólo de política. Más bien, su tema era la vida, la gente, la sociedad; le gustaba observar, escuchar, aprender, pensar. Para él, para los textos que le encantaba escribir, era igual de importante un mitin político o discurso presidencial, que un baile de sonideros a media calle o un viaje en el Metro. Y sí, allí estaba él, como un ciudadano sin poses, entre el público, en el Auditorio Nacional viendo a Luis Miguel; otro día, en un concierto de Gloria Trevi; luego, en la Cineteca Nacional, y quizás, después escuchando una Misa o un discurso en la Cámara de Diputados.
Era un devorador voraz de cine, y además de cine mexicano de la época de oro, el de Pedro Infante, el de María Félix. Andaba y se metía en todo. Su gusto por el cine, lo llevó inclusive a actuar en una película y su gusto por la música hizo que compusiera canciones para grupos mexicanos como Botellita de Jerez. La congruencia siempre fue un activo con el que se le percibió. Quizás el que a la larga le dio la gran credibilidad de la que gozaba. Viniendo de un terreno ideológico de izquierda, sus actos (públicos, al menos) parecieron siempre estar alineados a lo mismo que defendía.
A diferencia de otros escritores famosos, viajaba en transporte público y seguía viviendo en una modesta casa de la Colonia Portales del DF, en lo que parecía hasta una provocación de austeridad. En su aspecto físico, ejercía la misma provocación contra la noción de estética y moda capitalista: desalineado, sin corbata y siempre despeinado, se presentaba lo mismo en la televisión que en un recinto oficial.  Su irreverencia y sentido del humor quedaban siempre evidenciados como su esencia misma cuando eran emanadas de cada palabra pública que solía expresar. Y era demoledor, tremendo y profundamente divertido. Atacaba con su ironía de precisión quirúrgica toda contradicción que notara en su camino. Nadie se salvaba, ni el Presidente, ni los Diputados, la religión, la televisión, el deporte, la sociedad, y ni aún él. De ahí que muchos lo consideraran una especie de “conciencia crítica” del país.”
En lo personal admiro la contundencia de sus palabras, cuando le preguntaban como define a México, simplemente decía: “Es un haz de fuerzas enfrentadas, en un paisaje, social, económico, político y cultura… que las unifica de mala manera… es incapaz de renovarse o de abandonar la estrategia básica, la consagración de la impunidad.”
De entre sus innumerables libros destacan: Días de guardar (1971), Amor perdido (1977), Nuevo catecismo para indios remisos (1982), Escenas de pudor y liviandad (1988), Los rituales del caos (1995), Salvador Novo. Lo marginal en el centro (2000) y Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), entre otros. Entre los múltiples galardones que recibió se encuentran el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Mazatlán, el Premio Xavier Villaurrutia, el Premio Lya Kostakowsky, el Premio Anagrama de Ensayo y el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo lo invitó a buscar en su librería preferida sus obras, en especial
Vale la pena, adentrarse en el mundo creado por Monsivaís.

(*) Lic. En Literatura.
Representante Internacional de la Casa del Poeta Peruano en Honduras.
Representante Internacional de la ANDEH (Asociación Nacional de Mujeres escritoras de Honduras.)

Información

Esta entrada fue publicada el 16 julio 2010 por en Literatura.
A %d blogueros les gusta esto: