Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Literatura

Moisés Simbólico

Por: Diana Espinal Meza. (*)
Estimado lector y lectora: Estamos en una etapa de reflexión y confrontación con nosotros mismos. Sé que no hay personaje más controversial en la Biblia que Moisés. Muchos debaten hoy día (Los historiadores escépticos, generalmente conocidos como los minimalistas bíblicos), si realmente él, escribió el Pentateuco o no. Incluso hay quienes se atreven a decir que nunca existió y que el éxodo es solamente un mito.
Sin embargo, Moisés (hijo de Amram y Jocabed, descendiente de Leví, de la 4ª generación (Ex. 6:16-20),  siempre me confronta en este espacio de tiempo pascual. Desde su infancia estuvo asediado por “El peligro y la muerte” No dudo que “la educación hogareña inculcó en el niño el amor a Dios y el sentido de la misión de su vida (cf Hch. 7:25). Bajo los tutores reales egipcios, y sin duda como un príncipe real y presunto heredero del trono, Moisés fue instruido “en toda la sabiduría de los egipcios” (v 22). Bajo los sacerdotes llegó a dominar las letras, la literatura, las ciencias y la religión; bajo los comandantes del ejército obtuvo la habilidad para el mando militar; y de otros oficiales reales el conocimiento de las leyes y de la administración civil. Algunos han sugerido que Moisés pudo haber dirigido algunas expediciones militares a países extranjeros. Como presunto heredero, sin duda fue popular en la corte, como también en el ejército y entre la población común. Su aspecto exterior, su vestido, su conversación, su conducta y su cultura pudieron haber sido completamente egipcios, pero su corazón nunca llegó a serlo. Su carácter, su religión y su lealtad siguieron siendo hebreos, como resulta evidente de los incidentes registrados en Ex. 2:11-13 (cf He. 11:24, 25).” Entonces cuando el cine y las famosas películas de Semana Santa, lo presentan como un hombre tranquilo, pausado, sereno. Mi interior piensa y asocia otra imagen. Con respecto a su carácter, formas de conducir su vida, me inclino en pensar en un Moisés guerreo, fuerte, ágil, estratega de guerra, con un norte bien trazado y peleonero, “Moisés dijo a Josué: `Escoge algunos hombres y sal a pelear contra Amaleq… Josué venció a Amaleq y a su pueblo a filo de espada. Entonces Yahvé dijo a Moisés:`… yo borraré totalmente la memoria de Amaleq de debajo de los cielos. Por haber tenido el privilegio de haber recibido varias revelaciones directamente de Dios, un conjunto de leyes que incluían el culto del «Arca de la Alianza», la instauración del clero y diez mandamientos de orden moral y religioso. Me lo imagino correcto y acusador en aras de lograr el bien: “En Juan 5, 45: “Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza. Si creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de mí escribió él”. Moisés certero de sus pasos y consecuencias: se presentó ante el faraón junto con su hermano Aarón, pero a pesar de los milagros realizados -como convertir en sangre las aguas del Nilo y azotar a los egipcios con una serie de plagas-, el faraón se negó a liberar al pueblo hebreo. Al final, aceptó que Moisés condujera a los hebreos fuera de Egipto, camino de Canaán. Al aproximarse al Mar Rojo, un ejército egipcio enviado por el faraón se les aproximó.
Cuando llegó a los 40 años (Hch. 7:23) -c 1485 A.c.- Moisés supo que había llegado el momento de escoger entre su fe hebrea y el trono de Egipto. La profunda lealtad a Dios (He. 11:24-26) y la percepción del propósito divino para su vida (Hch. 7:25) lo condujeron a echar su suerte con su propio pueblo y ser “maltratado” con ellos antes que “gozar de los deleites temporales del pecado” (He. 11:25). No dudo que esta actitud haya generado intranquilidad en el corazón de aquellos que lo habían educado. Pensarían quizás en una revuelta, en una rebelión que los llevaría a perder el poder. Sin embargo –nuevamente- Moisés prefiere huir a Egipto y a encontrar refugio en la tierra de Madián,* al este (v 15).
El peligro seguía siendo estable, recordaba la amenaza contra su vida, sentía  insuficiencia para esa tarea (v 11), temeroso de que su pueblo no lo aceptara y dudando de su capacidad para persuadir a Faraón para que los dejara salir, Moisés vaciló en aceptar el llamado (vs 11, 13; 4:1). Sin embargo afronta y va de frente a las audiencias con el Farahón.
Me encanta pensar en el simbolismo de Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) cuando hizo la escultura de Moisés: así, la barba representaría el agua y el cabello, las llamas del fuego. Para Miguel Ángel podría simbolizar la fusión de la vida activa y la contemplativa, según el ideal neoplatónico. Con un estilo renacentista: búsqueda de la belleza, acentuado naturalismo, interés por la figura humana y su anatomía, tal como corresponde a la cultura antropocéntrica del periodo humanista, al igual que en la Antigüedad clásica: composiciones equilibradas, armoniosas, movimiento en potencia, perfección técnica.

(*) Lic. En Literatura.
Representante Internacional de la ANDEH (Mujeres escritoras de Honduras.) en México.
Representante Internacional de la Casa del Poeta Peruano en Honduras.

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Esta entrada fue publicada el 12 abril 2010 por en Literatura.
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