Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Las Arrugas del Abuelo

Por: Diana Espinal Meza. (*)

Estimada lectora y lector: la infancia es la temporada de la siembra. En la infancia temprana, las niñas y los niños se ajustan a las normas establecidas por la autoridad de los adultos, aunque en ocasiones no comprendan el sentido de las mismas, basta con imponer la norma y ellos, poco a poco se acoplan. Sin embargo, no debemos olvidar que esto “de la norma” necesita un proceso de formación constante y lleno de ternura, el sentido de la norma se funda en el respeto a los demás. La convivencia en la escuela exige normas de orden y respeto que ofrecen una enorme oportunidad para que los niños y niñas aprendan a autorregular conductas, palabras y sentimientos. En ese sentido las normas pueden ser sumamente formativas. Así que, el mejor recurso educativo para padres y maestros siempre puede ser un cuento. No importa si su hijo o hija, nieto o nieta, ya cursa Educación Primaria o aún es un bebé, cada historia puede adaptarse para llegar a ser un gran juguete educativo. A continuación, le presento un cuento, escrito por Pedro Pablo Sacristán un escritor nacido en Madrid, en 1973, que estudió Ingeniería Aeronáutica y escribe cuentos cortos llenos de valores morales, pero dosificados con esa ternura que lo hacen realmente impactantes tanto para adultos como niños. A él pertenece éste:

Las arrugas del Abuelo:
“Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino por todas partes. – Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas. El abuelo sonrió, y un montón de arrugas aparecieron en su cara. – ¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas – Ya lo sé Bárbara. Es que soy un poco viejo… Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.
A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños…
Desde aquel día, a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña: – ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí? Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo – Que no importa lo viejito que llegues a ser abuelo, porque…. ¡te quiero! “
Con cinco años de edad, nuestros niños y niñas quieren escuchar historias de duendes, gigantes, enanos, sirenas, dragones, castillos, príncipes y princesas, habichuelas mágicas y hadas complacientes. Quieren fantasía y creatividad. Su expresión oral y su comprensión les permiten exigir calidad en sus cuentos, emoción e imaginación. Con seis y siete años de edad, se sienten fascinados por los cuentos de aventuras en los que aparecen héroes. Buscan emoción tanto en el argumento como en la descripción de los personajes. A esta edad, disfrutan con los relatos donde los protagonistas son humanos y qué mejor idea que ¡tener a mi abuelo como un héroe.!
(*) Lic. en Literatura.
Representante Internacional de la Casa del Poeta Peruano en Honduras.
Representante Internacional de la ANDEH (Asociación Nacional de Escritoras de Honduras) en México.

Información

Esta entrada fue publicada el 12 marzo 2010 por en Literatura.
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