Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Antón Chejov

La víspera del Juicio

Por: Diana Espinal Meza. (*)
Valorado lector y lectora: en esta oportunidad le presento al laureado escritor Antón Chejov. La crítica moderna le considera uno de los maestros del cuento. En gran medida, a él se debe el relato moderno en el que el efecto depende más del estado de ánimo y del simbolismo que del argumento. Sus narraciones, más que tener un clímax y una resolución, son una disposición temática de impresiones e ideas. Chejov nació en Taganrog, el puerto principal del Mar de Azov. Era hijo de un tendero y nieto de un siervo que compró su libertad. Chéjov era el tercero de seis hermanos. Su padre, Pavel Yegorovich Chéjov, director del coro de la parroquia y devoto cristiano ortodoxo, les impartió una disciplina estricta y muy religiosa, que a veces adquiría rasgos despóticos. La madre de Chéjov, Yevgeniya, era una gran cuenta cuentos, y entretenía a sus hijos con historias de sus viajes junto a su padre (un comerciante de telas) por toda Rusia. Estudió medicina en la Universidad Estatal de Moscú.
La víspera del juicio, es un cuento corto, que narra e intensifica los hechos que acontecieron antes de iniciar juicio. De entrada dice: “memorias de un reo: Yo iba al tribunal del distrito a sentarme en el banquillo de los acusados, con objeto de responder a una acusación por bigamia. Hacía un tiempo atroz. Al llegar a la estación, me encontraba cubierto de nieve, mojado, maltrecho, como si me hubieran dado de palos; hallábame transido de frío y atontado por el vaivén monótono del trineo. A la puerta de la estación salió a recibirme el celador. Llevaba calzones a rayas, y era un hombre alto y calvo, con bigotes espesos que parecían salirle de la nariz, tapándole los conductos del olfato. Lo cual le venía bien, porque le dispensaba de respirar aquella atmósfera de la sala de espera, en la cual me introdujo soplando y rascándose la cabeza. Era una mezcla de agrio, de olor a lacre y a bichos infectos. Sobre la mesa, un quinqué de hoja de lata, humeante de tufo, lanzaba su débil claridad a las sucias paredes. -Hombre, qué mal huele aquí -le dije, colocando mi maleta en la mesa. El celador olfateó el aire, incrédulo, sacudiendo la cabeza. -Huele… como de costumbre -respondió sin dejar de rascarse-. Es aprensión de usted. Los cocheros duermen en la cuadra, y los señores que duermen aquí no suelen oler mal.”

Adentrándonos en la historia uno se ve atrapado por el ambiente de la sala de espera, por los olores pestilentes de la misma, por la estancia incómoda en donde dormiría, y en las descripciones de los encantos de una mujer de ojos relampagueantes,  dientes blancos, que lo miraban detrás de un biombo. La declaración desenfundada de un “Juan Tenorio” comienza a darnos pistas del ¿Por qué? podría estar aguardando una víspera de juicio “que soy médico (la engañé, para tranquilizarla). Le receto unos polvitos insecticidas para matar bichos. Finalmente el esposo de esta mujer le pagó 10 rublos. El muere de vergüenza. Esta es una de las capacidades narrativas que tiene Chejov, para crear ambientes y hacerlo olvidar del problema inicial planteado en el cuento. Finalmente: “No me detendré en describir mis impresiones cuando la puerta del Tribunal se abrió y el alguacil me señaló el banquillo de los acusados. Me limitaré a hacer constar el sentimiento de vergüenza que me asaltó cuando al volver la cabeza vi centenares de ojos que me miraban, y me fijé en los rostros solemnes y serios de los jurados. A primera vista comprendí que estaba perdido. Pero lo que no puedo referir y lo que el lector no puede imaginarse es el espanto y el terror que de mí se apoderaron cuando, al levantar los ojos a la mesa cubierta de paño rojo, descubrí, en el asiento del fiscal, a… Teodorito.”

Sin lugar a dudas este cuento es otro cuento que usted mi estimado lector y lectora deben de conocer y leer. Les motivo a buscarlo en su librería favorita.

(*) Lic. En Literatura.
Representante Internacional de la casa del poeta peruano en Honduras.

2 comentarios el “Antón Chejov

  1. Diana A. Espinal Meza.
    20 febrero 2010

    !Cómo he aprendido…en esta lecturas!
    Gracias FIDES, gracias Lic. Espinal.

  2. Fernando Revilla
    14 diciembre 2009

    Este tipo de escritos nos ayudan a comprender y valorar LA LECTURA.
    Muchas gracias,por este espacio de literatura.

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Esta entrada fue publicada el 11 diciembre 2009 por en Literatura.
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