Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

No todos somos Ciegos

El Ensayo sobre la Lucidez

Por: Diana Espinal Meza. (*)
Valorada lectora y lector: En cierta oportunidad José Saramago, dijo: “no todos somos ciegos, pero como cuesta mantener los ojos abiertos.” Escritor, periodista y dramaturgo portugués. Miembro del Partido Comunista Portugués desde 1969, ganó en 1998 el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca destacó su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía. Estuvo de cumpleaños el pasado 16 de noviembre.

Pues bien, el ensayo sobre la lucidez  es una novela que Saramago desarrolla en una ciudad incógnita, pero que se intuye que es Portugal (su ciudad natal). En dicha ciudad se aprestan a realizar elecciones municipales, pero justo ese día cae una tormenta colosal que ha provocado derrumbes e inundaciones por todas partes: “Mal tiempo para votar, se quejó el presidente de la mesa electoral número catorce después de cerrar con violencia el paraguas empapado y quitarse la gabardina que de poco le había servido durante el apresurado trote de cuarenta metros que separaban el lugar en que aparcó el coche de la puerta por donde, con el corazón saliéndosele por la boca, acababa de entrar.” La preocupación está planteada ¿Vendrán los electores? -habría que esperar- tres opciones competían por el poder: el partido de la Derecha (pdd), el del medio (pdm), el de la izquierda (pdi), o en blanco. Transcurrido un tiempo, comenzaron a llegar por cuenta gota, pero avanzaban al ritmo de una tortuga. Dando por terminada la votación: “Los votos válidos no llegaban al veinticinco por ciento, distribuidos entre el partido de la derecha, trece por ciento, partido del medio, nueve por ciento, y partido de la izquierda, dos y medio por ciento. Poquísimos los votos nulos, poquísimas las abstenciones. Todos los otros, más del setenta por ciento de la totalidad, estaban en blanco.” El voto en blanco, repuntó con un ochenta y tres por ciento de los votos totales. “No hay duda de que es un complot, una conspiración, una maquinación de un mente brillante situada en lo más oscuro y cálido del reino de las tinieblas, un ochenta y tres por ciento de votos en blanco fue el punto de inestabilidad, para el gobierno, del sistema político, para otros, tal vez de los políticos.” Frente a estas posiciones se decidió, por parte del gabinete, establecer, por unanimidad, la declaratoria del estado de sitio. Más de quinientas personas pasan horas respondiendo a preguntas tediosas, repetitivas, que buscaban una única respuesta, no la verdad, sino la respuesta que se quería escuchar. Cada agente purga con cada pregunta el recóndito, en cada mente, plan del blanqueo.
El argumento del ¿Por qué? de esta situación en la novela, deja entre ver todos y todas estaban ciegas y ciegos (excepto la esposa del oftalmólogo y el guardia) “la peste blanca” Sin embargo, dichas elecciones, se vieron burladas por un derecho más viejo que la democracia misma, el derecho a saber la verdad, el derecho a pensar, el derecho a ejercer un pensamiento crítico y analítico que les lleve a juzgar y a tomar decisiones. Y eso, los asustó, más que una guerra, más que un atentado químico.
“no todos somos ciegos, pero como cuesta mantener los ojos abiertos.” Sin embargo, hay que estar alertas por si aparece mi gemela o gemelo dando un voto que no he dado. “Puede suceder que un día tengamos que preguntarnos ¿Quién ha firmado esto por mí?”

(*) Lic. En Literatura.
Representante Internacional de la Casa del Poeta peruano en Honduras.

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Esta entrada fue publicada el 20 noviembre 2009 por en Literatura.
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