Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

León Tolstói

¿Cuánta tierra necesita un hombre?

Por: Diana Espinal Meza.(*)

Apreciada lectora y lector: En esta oportunidad quiero presentarle uno de mis cuentos favoritos, escrito por el novelista ruso León Tolstói, considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial. El cuento inicia así: “Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. “Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra. Ahora bien, cerca de la aldea de Pahom vivía una dama, una pequeña terrateniente, que poseía una finca de ciento cincuenta hectáreas. Un invierno se difundió la noticia de que esta dama iba a vender sus tierras.

Pahom oyó que un vecino suyo compraría veinticinco hectáreas y que la dama había consentido en aceptar la mitad en efectivo y esperar un año por la otra mitad. “Qué te parece -pensó Pahom- Esa tierra se vende, y yo no obtendré nada.” Así que decidió hablar con su esposa. -Otras personas están comprando, y nosotros también debemos comprar unas diez hectáreas. La vida se vuelve imposible sin poseer tierras propias. Se pusieron a pensar y calcularon cuánto podrían comprar. Tenían ahorrados cien rublos. Vendieron un potrillo y la mitad de sus abejas; contrataron a uno de sus hijos como peón y pidieron anticipos sobre la paga. Pidieron prestado el resto a un cuñado, y así juntaron la mitad del dinero de la compra. Después de eso, Pahom escogió una parcela de veinte hectáreas, donde había bosques, fue a ver a la dama e hizo la compra. Así que ahora Pahom tenía su propia tierra. Pidió semilla prestada, y la sembró, y obtuvo una buena cosecha. Al cabo de un año había logrado saldar sus deudas con la dama y su cuñado. Así se convirtió en terrateniente, y talaba sus propios árboles, y alimentaba su ganado en sus propios pastos. Cuando salía a arar los campos, o a mirar sus mieses o sus prados, el corazón se le llenaba de alegría. La hierba que crecía allí y las flores que florecían allí le parecían diferentes de las de otras partes. Antes, cuando cruzaba esa tierra, le parecía igual a cualquier otra, pero ahora le parecía muy distinta.Un día Pahom estaba sentado en su casa cuando un viajero se detuvo ante su casa. Pahom le preguntó de dónde venía, y el forastero respondió que venía de allende el Volga, donde había estado trabajando. Una palabra llevó a la otra, y el hombre comentó que había muchas tierras en venta por allá, y que muchos estaban viajando para comprarlas. Las tierras eran tan fértiles, aseguró, que el centeno era alto como un caballo, y tan tupido que cinco cortes de guadaña formaban una avilla. Comentó que un campesino había trabajado sólo con sus manos, y ahora tenía seis caballos y dos vacas. El corazón de Pahom se colmó de anhelo. “¿Por qué he de sufrir en este agujero -pensó- si se vive tan bien en otras partes? Venderé mi tierra y mi finca, y con el dinero comenzaré allá de nuevo y tendré todo nuevo”. Pahom vendió su tierra, su casa y su ganado, con buenas ganancias, y se mudó con su familia a su nueva propiedad. Todo lo que había dicho el campesino era cierto, y Pahom estaba en mucha mejor posición que antes. Compró muchas tierras arables y pasturas, y pudo tener las cabezas de ganado que deseaba. ”
El cuento nos narra como el corazón de este hombre comenzó a llenarse de extravagancias ya no le bastaba una parte de la tierra, las quería todas “Si todas estas tierras fueran mías -pensó-, sería independiente y no sufriría estas incomodidades. Expone su ser, sus energías, su dolor y sus anhelos y sin darse cuenta ahí comenzó su perdición. “Ay de mí. He deseado mucho, y lo eché todo a perder. “El problema de la ambición no está en el loable deseo de prosperar, ni en la inquietud sana por aspirar a un mejor nivel de vida, dentro de unos límites razonables, sino en llegar a convertir la propia existencia en lucha, violencia y actividad febril por las riquezas, el encubrimiento personal, las alabanzas, las admiraciones,… La ambición sin freno, la ambición como conducta y estilo de vida, no sólo es uno de los más graves impedimentos de la felicidad humana, sino que puede llegar a empobrecer y destruir el corazón del hombre y sus más nobles sentimientos.”
“Su criado empuñó la azada y cavó una tumba para Pahom, y allí lo sepultó. Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba.
(*) Lic. En Literatura.
Representante Internacional de la casa del Poeta peruano en Honduras.

4 comentarios el “León Tolstói

  1. Ana María Fuentes
    19 noviembre 2009

    Felicidades POETA…por la Mención de Honor que recibió en ARGENTINA.

    !Hoy miercoles salio en La Tribuna…me siento orgullosa de mi profesora.!

  2. Santos Andrés Juárez.
    19 noviembre 2009

    De entrada dos asuntos primordiales:

    1.- Felicitar al FIDES por tener este espacio tan educativo de “LITERATURA”

    2.- Felicitar a la Lic. Espinal Meza, por la didáctica maravillosa que tiene para presentar estas joyas de la literatura universal.

    Gracias FIDES, por la oportunidad de educarnos a través de gente tan talentosa como ella.

    Atentamente:
    Santos Andrés Juárez.

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Esta entrada fue publicada el 30 octubre 2009 por en Literatura.
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