Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Mundo en Agitación

Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa:
En el corazón de un mundo en agitación

seminarioPor: Lester Meza
Pastoral de Medios de Comunicación

Cuando se desconoce la voz de Dios, la invitación a seguirle es como bronce que suena o campana que retiñe. Esta misma sensación puede experimentar aquella persona que en su vida no ha conocido acerca de la vida en un Seminario.
La sociedad actual vive una realidad marcada por grandes cambios que afectan profundamente la vida de cada persona. Las ofertas ideológicas, políticas y económicas, entre otras, parecen debilitar y menoscabar el sentido de la vida.

Este cambio de época desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios:
Precisamente –como lo dicen los Obispos en el numeral 44 de Aparecida- aquí está el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo… Quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de la realidad y sólo puede terminar en caminos equivocadas y con recetas destructivas.
Se verifica una tendencia exasperada a una vida sin Dios, marcada por el poder, el placer y el tener, que, si bien es cierto, llena al hombre de cosas materiales y vivencias superfluas y efímeras, también es cierto que no logra llegar al corazón de éste. Fruto de esta situación es el cambio en las relaciones humanas consideradas objetos de consumo y en la realidad misma que se vuelve cada vez más opaca y compleja.
Sin embargo, a pesar de las deficiencias y ambigüedades de este mundo, la Iglesia, ha dado testimonio de Cristo, anunciando su Evangelio y brindando su servicio de caridad en los distintos sectores y campos de la vida. Testimonio que constata la respuesta del Pueblo de Dios a la tarea encomendada de “ser sal y luz del mundo” (Cf. Mt 5, 13-14). De esta manera cobra sentido aquel aforismo conocido: ¡Dios escribe recto en renglones torcidos!
Es en el hoy de nuestro país que la vocación y el compromiso de ser discípulos misioneros de Jesucristo requieren una clara y decidida opción por el Reino de los cielos, pues, como dice la Sagrada Escritura “…muchos son llamados, más pocos escogidos” (Mt 22, 14).
Estas palabras del Evangelio de Mateo, confrontadas con la vida actual, favorecen la reflexión sobre el proceso formativo de los discípulos misioneros presbíteros de Jesucristo en el Seminario Mayor, “escuela y casa de formación” (Aparecida, n. 316).
Paradójicamente a un mundo que marcha por las vías de la información, aparece la carencia de una comunicación auténtica y objetiva entre las personas. Un ejemplo interesante que puede servir para reflexionar sobre esta situación es aquél que permite dilucidar sobre la realidad social, la falta de conocimiento y, más aún, de identidad.
Si se realizara una encuesta sobre la vida de un Seminario, su objetivo, actividades y roles, quizá las respuestas obtenidas no serían del todo acertadas.
Por ello, el Magisterio de la Iglesia en su sabiduría e inspirado por el Espíritu Santo, al referirse a éste afirma: “El Seminario debe ser considerado como el corazón de la diócesis” (Cf. Vaticano II, Optatam totius 5).
Sin embargo, esta experiencia de encuentro con Jesús que tienen algunos jóvenes no es comprendida por la corriente consumista, hedonista e individualista latente en la vida diaria. A este tipo de tendencia le es inconcebible que un joven rodeado por un mundo que ofrece placer, poder y dinero, arriesgue y entregue su felicidad en una aventura de pobreza, obediencia y castidad.
Ciertamente que los caminos y pensamientos del hombre no son los de Dios, como lo expresa el libro del profeta Isaías 55, 8-9 al decir: “como el cielo aventaja a la tierra, así aventaja su plan al tuyo”. Experiencia que se hace vida en los seminaristas que han respondido con un sí generoso al Señor, que les ha dicho “Ven y Sígueme” (Mt 1, 17) y que, dejándolo todo, lo han seguido.
Actualmente, esa misión de formar a los discípulos misioneros presbíteros de la Iglesia la lleva a feliz término el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, escuela y casa de formación de los discípulos del Señor Jesús. Allí, bajo la guía y orientación de un equipo de formadores, se cumplen las palabras del Evangelio de Marcos cuando el Señor “eligió a los que él quiso, y los llamó para que estuvieran con él y para enviarlos a la misión” (3, 13-14).
Por eso, el Seminario más que unas instalaciones físicas, es el corazón de la Iglesia hondureña, es el semillero donde se forjan los pastores del pueblo, según el corazón de Dios.

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Esta entrada fue publicada el 23 octubre 2009 por en Ecos del Seminario.
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