Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Homilía


Homilía del Señor Arzobispo para el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

“Como cordero llevado al matadero”

La Oración al comienzo de la misa la dirigíamos a Dios, al Padre y le decíamos: “Tú que nos has mostrado la humildad de tu Hijo”. Jesucristo es el camino de la humildad de Dios, de la humillación de Dios. Se abajó. Siendo Dios se abajó a ser uno como nosotros. No sólo compartió nuestra vida sino que cargó nuestros pecados para vencer la muerte del pecado con su muerte y resurrección. Y hoy, Domingo de Ramos, que un poco hay algo de festivo pero con un horizonte negro del destino que le espera al Señor, como acabamos de escuchar en la Lectura de la Pasión, lo vemos entrar montado en un burro, la gente contenta porque lo quería mucho porque se pasó haciendo el bien, enseñando y sanando a todos. Pero ya se estaba tejiendo toda la trama para su humillación definitiva.
En este relato el Evangelio de Marcos precisa que son los días de la Pascua, y manifiesta para los lectores gentiles que era la fiesta de los “Ácimos,” así llamada porque en toda la semana se comía pan sin levadura, se iba a celebrar “después de dos días.” Se está, pues, en el 12 del mes de Nisán, antes de la puesta del sol, ya que el 14, al ponerse el sol era ya el 15. El prestigio de Cristo les ponía temor de apoderarse de los días festivos, públicamente, ya que con los galileos en Jerusalén para la Pascua había peligro de alborotos y de intervenciones de Roma.
Jesús entra en Jerusalén. Pero podemos decir que entra pacientemente. Entra a padecer. No va a abrir la boca. Dijo el Profeta: “como cordero llevado al matadero”. Calla. Mansedumbre total mientras el demonio manda a todos los suyos para cometer las atrocidades más grandes: la mentira, la calumnia, la injusticia de un juicio en el que se lavan las manos… y bueno, que el delincuente quede suelto y al justo lo condenamos. Era cuestión de no perder el puesto: es sacrificado a las ambiciones de un gobernador. Las burlas…le escupen en la cara…una noche torturado en un calabozo…los latigazos…la corona de espinas y después… llevar el palo de la cruz. Y Jesús seguía en paciencia. Es nuestro Dios, el Señor de la Paciencia. Nuestro Dios que vino para hacerse paciente por mis pecados, para salvarme a mí. Cada uno de nosotros, con toda verdad, hoy puede decir que no le es indiferente a Jesús. Jesús se involucró en la vida de cada uno de nosotros! No con la vida de todos nosotros al voleo! Sino de cada uno con nombre y apellido! Jesús sabe lo que me pasa a mí! Jesús sabe lo que pasa en tu corazón! Y en el de cada uno de ustedes… Jesús pagó por mí! Y por cada uno de ustedes…
Jesús entró montado en un animal que representa la paciencia, la humilde paciencia. Y nosotros cómo nos impacientamos… con que soberbia a veces pretendemos que se nos trate como justos cuando al justo se lo trató como pecador. No entra con tropas, que no tiene, como le dirá a Pilato (Jn 18:36), ni entra ostentosamente para avasallar con la muerte a los enemigos. La frase “no temas,” probablemente va cargada, como en otros profetas (Sof 3:16; 5.40:9), del anuncio de especiales manifestaciones y bendiciones divinas. Es el ingreso para el reinado del “Príncipe de la paz.” Cristo quiso incluso, para llamar la atención sobre el texto del profeta, dar una realización material a aquel anuncio profético. Jesús se había sido contrario a toda manifestación pública, incluso huyó cuando el pueblo quiso proclamarlo rey (Jn 6, 15), sin embargo en esta ocasión se deja llevar en triunfo. Él lo hace en esta oportunidad en la cual pronto será llevado a la muerte, acepta su aclamación pública como Mesías, precisamente porque muriendo en la cruz será́ en forma total, el Mesías, el Redentor, el Rey y el Vencedor. Acepta ser reconocido como Rey, pero como un Rey con características inconfundibles: humilde y manso, que entra en la ciudad santa montado en un asno, que proclamará su realeza sólo ante los tribunales y aceptará que se ponga la inscripción de su título de rey solamente en la cruz.
Les propongo que en esta Semana miremos al Señor, a ese Señor de la paciencia, a ese Señor que me tuvo paciencia! Que me tiene paciencia! Y que todos los años me hace celebrar la Semana Santa y la Pascua; me espera cada año y me sigue esperando.
Que cada uno reaccione frente a ese Jesús según lo que siente. Es difícil el camino de estar en paciencia con Jesús. Es difícil contemplarlo con esa paciencia que me tiene. Miren, no olvidemos que en la vida cristiana, cuando tenemos que andar un camino seguro, hay una sola mano: agárrate de la mano de la Madre. Ella lo acompañó en este camino del Calvario y se quedó al pie de la Cruz. Agárrate fuerte de la mano de María y pídele: “Madre, enséñanos a contemplar cómo tu Hijo entra pacientemente por mí”. Y ella, si se lo pedimos, nos dará esa gracia.

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