Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Homilía


 Homilía del Señor Arzobispo para el XXXIII domingo del Tiempo Ordinario

“Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor”

Hoy es el penúltimo domingo del año cristiano, y una nueva parábola, la de los talentos que hay que hacer fructificar, nos invita a mirar a la vuelta de Cristo Jesús como Juez universal al final de los tiempos.
La alabanza del libro de los Proverbios a la “mujer hacendosa”, como preparación a la parábola del evangelio, habrá que leerla necesariamente desde su contexto histórico, porque el papel de la mujer en la sociedad actual no parece bien reflejada en ese pasaje. Pero, cambiadas las circunstancias sociales, sigue siendo válido el mensaje que transmite.
Sigue la urgente advertencia de Jesús a que estemos despiertos, vigilantes, activos en nuestra fidelidad y en nuestra espera.
El libro de los Proverbios está formado por una serie de poemas y aforismos proverbios: más de novecientos en total- tomados de la sabiduría popular y religiosa de Israel a lo largo de los siglos. El pasaje que leemos hoy es un poema que canta la alabanza de la mujer ideal según los criterios de la sociedad de su época.
Su marido se fía de ella. Su casa sale ganando con su diligencia y con la destreza de sus manos (trabajando el huso y la rueca). Pero, a la vez, esa mujer es generosa: “abre sus manos al necesitado, al pobre”.
En la alabanza se aprecia mucho más esta característica del trabajo por la familia que la hermosura, que es “engañosa y fugaz”. Una mujer así “vale mucho más que las perlas”. Merece que sus obras las alaben todos en la plaza, y además por su fe: “la que teme al Señor merece alabanza”.
El mensaje que aporta el libro de los Proverbios sigue válido también para hoy, tanto para la mujer como para el hombre: alaba su sensatez, su laboriosidad y eficacia, su preocupación por su familia, su generosidad para con los pobres, su fe en Dios (“la que teme al Señor merece alabanza”). Hoy, es verdad, se insistiría en otros rasgos de una mujer, como su amor y su atención de acompañamiento al marido y a los hijos, así como en la corresponsabilidad en las tareas de la comunidad social o eclesial. También sigue válida la advertencia de que la belleza o la apariencia exterior o las joyas no son lo principal en una persona: todo eso muchas veces es engañoso y fugaz. La verdadera belleza está dentro.
Además, no se sabe bien si se trata del canto a una mujer que ya existe, o bien a la que debería existir y tener esas cualidades ideales. El poema dice: “una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?”.
O sea, la página de Proverbios no es necesariamente una apología de una mujer metida en casa: pero sí de una mujer, y de un hombre, que aman a los suyos, que no ahorran sacrificios por ellos, y sean trabajadores, previsores, y a los que todavía les queda amor para los pobres y necesitados.
También el Salmo habla de una mujer y su valor en la familia: “tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa”. Pero lo que más se alaba en una persona es que sea buena, creyente, que “siga los caminos de Dios”: por eso el estribillo es “dichoso el que tema al Señor”. Cuando en estas lecturas se habla de “temer al Señor” no significa tenerle miedo, sino respetarle, tenerle en cuenta en nuestra vida, servirle, venerarle, seguir sus caminos.
El de hoy es el último de los cinco pasajes que hemos leído de esta carta en las Eucaristías dominicales. Trata de un tema muy propio de este final del Año Litúrgico y aparece también en consonancia con las otras lecturas.
Pablo sigue hablando a sus cristianos sobre el final de la historia y la venida del Señor. A una comunidad que creía inminente esta vuelta del Señor, Pablo le advierte que no sabemos cuándo sucederá eso, y usa para ello las mismas comparaciones que usaba Jesús: “llegará como un ladrón en la noche”, como “los dolores de parto a la que está encinta”. Lo que luego se escribirá en los evangelios -esta carta es anterior a ellos ya lo transmite Pablo por la enseñanza oral del mismo evangelio.
Lo importante es que los cristianos, que son “hijos de la luz y del día, no de la noche y de las tinieblas”, vivan como tales, en la luz, y no en las tinieblas. Que permanezcan despiertos y vigilantes en sus vidas, no como los demás, que viven despreocupados de lo que es más importante.
Como el domingo pasado con la parábola de las muchachas que debían estar preparadas para cuando llegara el novio, hoy Jesús nos enseña una lección parecida con la de los empleados que deben rendir cuentas de su actuación cuando vuelva el amo de su viaje. Como siempre, Jesús toma pie de las cosas de la vida social: en este caso el depositar el dinero en lo que luego se llamarían bancos, para que produzca más fruto. Es una parábola que conviene leer íntegra, porque así se entiende mejor su mensaje: hay que estar preparados para rendir cuentas a la vuelta del amo.
Al que le encomendó cinco talentos y le devuelve otros cinco, le dedica su alabanza y el correspondiente premio. Lo mismo hace con el que recibió dos talentos y los ha hecho fructificar, consiguiendo otros dos. Con el tercero, que recibió un sólo talento y no hizo nada por sacarle provecho, sino que lo enterró y, eso sí, lo devolvió íntegro, le reprende duramente y manda que le expulsen.
También podría haber sido el retrato de un hombre, como en algunas de las parábolas que propuso Jesús: “un criado fiel y cuidadoso a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas… dichoso ese criado si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así” (Mt 24, 45-46).
Con su lenguaje vivo, y hasta provocativo, Jesús nos invita a todos a aprovechar el tiempo presente para conseguir los premios definitivos. En el tiempo intermedio, entre la marcha y la vuelta del amo, los empleados deben saber administrar bien los talentos recibidos. Dos de ellos lo hacen así, y haciendo producir al dinero inicial el ciento por ciento, duplican el capital. No así el tercero, al que el amo llama “malo y holgazán” y que, encima, parece defenderse atacando el carácter del amo.
La parábola de hoy es una invitación a no encerrarse, a no refugiarse en una fe estática, sino a trabajar. El Reino de Dios es iniciativa de Dios, sí, pero también es fruto de nuestra colaboración: “id por todo el mundo, anunciad el Evangelio, bautizad, enseñad a cumplir lo que yo os he dicho”. Es una invitación a arriesgarnos, cosa que no quiso hacer el tercer empleado. La vida, en general, es una aventura digna de vivirse. La vida cristiana requiere muchas veces también atrevimiento para “invertir” bien el capital que tenemos.
Incluso los que no se nombran en esta parábola, los que aparentemente no han recibido ni siquiera un talento -los enfermos crónicos, los discapacitados, los que ya son muy ancianos- seguro que pueden responder a los dones de Dios, aunque sean menos que los de otros, según la medida de su generosidad. Es a ellos a los que Cristo dedicó sus mejores palabras de ánimo en su vida. No se puede decir que estas personas no puedan producir fruto, para Dios y para aquellos con los que viven.
De nuevo nos encontramos, y precisamente hacia el final del año, con la recomendación de que tenemos que vigilar y estar despiertos, mirando al futuro. Un viajero hará bien en no olvidar qué destino final consta en su billete. Un administrador es sabio si recuerda a menudo que debe ser exacto en sus asuntos, porque llegará la hora de rendir cuentas.
También va para nosotros el consejo de Pablo. No sabemos cuándo vendrá la hora final. Como no sabemos cuándo querrá entrar el ladrón en nuestra casa. O cuándo le llegarán exactamente los dolores de parto a la mujer encinta. Pero lo que sí deberíamos hacer es estar siempre preparados, actuar como “hijos de la luz e hijos del día, y no como hijos de las tinieblas y de la noche”. Sin trampas. Sin enredos. “Vigilantes y despejados”.
No sabemos cuántos años nos quedan de vida y cuándo seremos convocados a la evaluación final. Pero todos deseamos presentarnos ante el examinador, el Juez, Cristo Jesús, no con las manos vacías, sino de modo que él nos pueda dirigir las palabras que prometió a los que se han esforzado por vivir según sus caminos: “¡Muy bien! Eres un empleado fiel y cumplidor. Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor”.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 4.020 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: