La partida de un amigo
Por Víctor Hugo Álvarez.
Sus modales eran sencillos, siempre andaba inquieto buscando cada detalle que pudiera servirle para descifrar el rompecabezas que a diario hay que armar sobre las sinuosas coyunturas de este país. Vivía y amaba el Periodismo, a tal grado que muchos en el círculo le pusieron el sobrenombre de Primicia, pues amaba tener la información de primera mano y transmitirla así a sus oyentes o lectores.
De estatura media, trigueño y afable, así era Francisco Medina Argeñal, el compañero de las aulas universitarias, el amigo entrañable que la tarde del pasado domingo partió hacia la Casa del Padre. Seguro estoy que Él lo esperaba, pues desde que abrió los ojos se encontró en un hogar donde la fe, la solidaridad, los grandes valores, sobre todo la honradez, eran el sostén de la familia. Don Francisco, su padre y Doña Elvia, ambos de una sencillez extraordinaria, eran devotos practicantes. El rezo del Rosario era cotidiano en aquella casa del Barrio Morazán. Semana Santa era el ajetreo pues desde temprano del Jueves Santo partían para la Catedral para arreglar el Monumento, con olorosas y blancas azucenas. El Uno de Enero confeccionaba el hermoso descanso del Santísimo Sacramento en la Rotonda de la vieja Casa Presidencial y en Navidad, el extenso Nacimiento con figurillas tan antiguas que no se encuentran ya en los mercados.
Cómo no iban a estar Francisco y su hermana Reyna marcados de esa fe practicante?. Sobre esos valores ejerció el Periodismo, con un estilo vivaz y dinámico para escribir, Paco, como cariñosamente lo llamamos, deja hermosos reportajes, deja plasmada parte de la historia de este país en sus escritos. En el campo de la radio su voz vibrará siempre, sus ecuánimes análisis, el respeto por el entrevistado, la sagacidad para llegar a esa pregunta toral que deja sin aliento al personaje sujeto del hecho noticioso. La audacia de enfrentar la realidad y no tergiversar los hechos, la honradez en transmitirlos sin sesgo alguno, sin la presunción del tarifado, sin el acomodamiento a los intereses propios o de interés comercial y lo peor, ideológicos.
Fue jefe de Redacción de Diario La Prensa en Tegucigalpa, del desaparecido diario El Periódico, de Noticiero El Minuto de Radio América y de otros medios. Por donde pasó dejó huella, quienes trabajamos con él tuvimos escuela de dignidad y objetividad. De un gremialismo a toda prueba, porque él formó parte de varias juntas directivas del Colegio de Periodistas y de la Asociación de Prensa Honduras.
Paco no hizo fortuna material, vivió y murió humilde al lado de su esposa Normandina y de sus hijos Josué Francisco y Norma Cecila, pero el legado que les deja, vale más que mil fortunas. No en vano sobre su pecho fueron prendidos varios galardones periodísticos. Así lo conocí y así cultivé con él una amistad de años que se inició en los días hermosos de la juventud en medio de libros y tareas. De ilusiones y sueños y fue madurando con el paso de los años. Juntos cubrimos muchos sucesos, juntos dimos batallas. Hoy la vida nos separa físicamente, pero nos une la misma fe y la misma esperanza en una patria distinta, con oportunidades para todos sus hijos, con mejores estándares y calidad de vida, sin niños con hambre y en la calle, sin ancianos sin hogar.
Hoy que has visto la gloria del Padre y te gozas en la inmensidad de su amor te digo: ¡gracias hermano! por tu amistad, por tus enseñanzas, por tu ejemplo. Pido para tu familia que Dios les dé el dulce bálsamo de la resignación y los conforte en esta hora difícil.
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