Semanario FIDES

EL DECANO DE LA PRENSA NACIONAL

Población Lenca

Color, riqueza natural, historia
y cultura viva en Intibucá

Fotos y redacción: Johanna Kattán
Tierra de clima fresco, paisajes coloridos y de una cultura viva de orgullo hondureño como lo es la población lenca, eso y más hay en  Intibucá. Visitar este departamento es una experiencia inolvidable.
Con miembros del Fotoclub Honduras iniciamos el recorrido. Primero conociendo el parque con escenas de amigos conversando, una niña con su abuelo descansando en una banca, los vendedores de frutas… La Catedral es motivo de visita por su estilo colonial, en su interior se percibe un ambiente espiritual, frente al altar. A diversas horas, los feligreses entran a orar.
Seguimos fotografiando las casas antiguas que aún conservan su fachada y que decoran las principales calles. Se ven casas de colores vivos, azul, verde, roja otras rosadas.
Mencionaron que hay unos famosos “Hoyos” con un origen desconocido. Así que partimos hacia lo alto de la montaña que rodea a La Esperanza. Se manejan varias historias sobre los famosos “Hoyos”, sitio desde donde se puede ver el Valle de Azacualpa.Los Hoyos están distribuidos en diversas partes dentro de un bosque nublado y con rica vegetación, se debe caminar con cautela, pues un descuido y la víctima se desliza hacia  una profundidad desconocida. Aproximadamente su diámetro es de 80 cm.
Mientras se camina se pueden observar piezas de obsidiana. Una de las teorías acerca del origen de los hoyos, dicen que antes eran minas de obsidiana. No hay estudios científicos que confirman su origen.

Telares

Observando la población, sobre todo a las mujeres, muchas usan una prenda que llama la atención, es un pañuelo sobre su cabeza, una pieza tejida en esa zona con hilo de lana y seda en colores llamativos. Este pañuelo les protege del sereno de la tarde y en las mañanas que amanece fresco.
Los lugares donde laboran estos pañuelos y otras piezas le llaman telar, que es un grupo de vecinos y familiares trabajando con hilos.  En Telares El Cacao conocimos a doña Enemecia Gonzáles, presidenta del grupo familiar de tejidos  “empezamos con un telar ahora ya hay 5 telares y así le damos empleo a más personas”.
Ella empezó hace 10 años, con sus hijas y vecinas elaboran mantelitos, sábanas, bufandas, centros de mesa, cameras. De generación en generación van aprendiendo este arte y oficio.
El producto terminado es enviado a Tegucigalpa y San Pedro Sula, y hay clientes que llegan a buscarlo hasta los telares.
“Lo caro son los hilos, para una prenda es necesario tener los 6 conos de hilo. Los hilos los compramos en Guatemala, pues no hay material en Honduras,  a nosotros nos lo dan a un precio caro”, comentó. “Agradeceríamos alguna organización que nos ayudará en Honduras para conseguir el material a un costo más bajo”.
Además de tejer, como fuente de trabajo está la agricultura, “sembramos repollo y papa, pero con la papa hemos fracasado por el motivo de las plagas, hace poco perdimos una manzana entera”.
Una fuerte tormenta nos obliga a regresarnos al hotel, y a posponer el recorrido para el siguiente día, domingo.
Antes de las 6 de las mañana bajan de las diversas comunidades, mujeres y hombres se transportan en camiones, muchas traen a sus hijos más pequeños atados a su espalda. Las frescas verduras comienzan a ser exhibidas, unos rábanos tan frescos, el intenso anaranjado de las zanahorias, el verde en las legumbres.
Un niño bien abrigado se baja con su madre de un camión,  cargan diversos estilos de flores y colores, los cartuchos blancos sobresalen frente al rostro del pequeño.

Obras de barro blanco
El clima sigue fresco, un café caliente servido con una torta de pan motivan a continuar. Es tiempo de buscar las famosas artesanas del barro blanco. Ahora la ruta es hacia Yamaranguila.
Una iglesia colonial en reparación nos detiene, aún se nota que fue construida con ladrillos.  Seguimos el camino, se siente largo, seguimos y al fin arribamos a la Aldea de  Cofradía.  Doña Narcisa Hernández nos atiende, muestra diversas piezas, vasijas, floreros, platos, máscaras, etc.
A diferencia de las piezas de barro roja que vemos como en Santa Bárbara, en Yamaranguila las piezas son de color blanco y con figuras negras. Una de las figuras usuales que se estampan en las obras son las de un pichete, porque es nativo y abundante de la zona. “Una de las piezas más apetecidas es la vasija nona, una bajita y redondeada, además de la vasija con forma de ayote sobre todo para el mes de noviembre que se hace una celebración”, explica Narcisa.
María Damiana Hernández de 56 años, se ha dedicado por 7 años a moldear y trabajar este arte de la alfarería. Por su reconocida labor fue invitada al Centro Cultural Sampedrano a exponer sus obras.
Este barro blanco se saca del bosque, y “lo traemos a espalda los días sábados, unos 10 libras para trabajarlo el lunes. Preparamos el barro, se tritura, se cuela y se agrega sílices, arena blanca del mismo color del barro”.
Las figuras se tapan con ceniza y barro y luego se quema. Las piezas son enviadas a San Pedro Sula, Tegucigalpa y Copán. Cada pieza lleva un sello original de la  mano que con habilidad y atención lo ha elaborado.
Intibucá tiene más para conocer, para fotografiar, pero en esta ocasión el recorrido llega hasta aquí, motivando a que apoyemos los nuestro, y así Honduras podrá conservar sus culturas, costumbres, y podemos ser juntos partícipes de un desarrollando desde lo que poseemos y con dignidad, esfuerzo y respeto.

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Esta entrada fue publicada el 20 agosto 2010 por en Destacado.
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